Haciendo de abogado del diablo
30/06/2010 8 comentarios
Hoy he estado hablando con un par de compañeros de profesión, y además amigos, de todo un poco y, sobre todo, de eso del social media y todo lo que lo está envolviendo en los últimos tiempos. Una de las conclusiones de esa conversación puedo parafrasearla de un reciente tweet de otro buen amigo: “Esto huele cada vez más a año 2000″. ¿Qué quiero decir con esto? Sencillo, a veces me da la impresión que estamos inflando una burbuja.
En ésta línea recomiendo leer un artículo en el blog Sysomos titulado: “Why corporate social media fails” (Por qué falla el social media corporativo). Se pueden leer argumentos interesantes sobre la preocupante endogamia del sector mediante la cual encontramos en la blogosfera, en la “Twitteresfera” y en demás redes sociales, constantes referencias a interesantes caso de éxito de distintas empresas en los social media. Lo que nos plantean es que jamás se hace referencia a que los fracasos se producen en un porcentaje infinitamente mayor que los éxitos y que la imagen que producimos no encaja con la realidad. Con ello generamos unas falsas expectativas que no dejan de ser un factor especulativo.
Esta sensación puede crear en las empresas una falsa necesidad y una urgencia en emprender acciones en este campo sin la debida reflexión y planificación estratégica. Lo que casi sin duda les puede conducir a fracasar en su empeño.
No me extiendo, pero me gustaría que se hablase mucho más de fracaso y que eso sirviera para que todos pusiéramos los pies en el suelo y aprendiéramos de errores pasados (aunque todavía recientes). Solamente dejo algunos apuntes y me remito a recomendar el artículo.
Principales causas del fracaso de las empresas en sus acciones en social media:
1.- Falta de un plan estratégico
2.- Ausencia de una planificación táctica
3.- Carestía de los recursos adecuados
4.- No poseer las habilidades apropiadas
5.- No entender el verdadero valor del contenido
6.- No ser capaces de construir las relaciones adecuadas con sus públicos
A veces, creo, hay que hacer un poco de abogado del diablo…















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