La televisión que se consume y los problemas de fondo

Recientemente mi buen y admirado amigo Pablo Herreros, autor del blog “Comunicación se llama el juego“, apoyado en un aplastante sentido común denunciaba la presencia, previo pago, de un invitado a un conocido programa de televisión. Todos a estas alturas conocemos el caso del programa “La Noria”. El que quiera profundizar en este asunto tiene material en Internet de sobra y puede ver la reacción de los anunciantes retirando publicidad del programa, etc.

Dejando claro claro mi absoluto apoyo al enfoque de Pablo (que es un auténtico fenómeno), quisiera profundizar desde otra perspectiva. Todos sabemos que las grandes cadenas privadas de TV son eso, privadas, algunas cotizan en bolsa y todas viven de la inversión publicitaria (que no pasa por sus mejores momentos) buscando atraer a los anunciantes con eso que se llama “tener audiencias”. Todos conocemos qué tipologías de programas consiguen esas audiencias y llenan las parrillas de programación amparados en buenos resultados. Es decir, la gente dedica su tiempo a ver ese tipo de programas con fruición…

Pero ¿Todo vale para obtener esas audiencias que reportan ingresos? Este tema toca fibras mucho más sensibles. ¿Hasta dónde llega eso que se llama “libertad de expresión”? Tomemos por ejemplo el Código de autorregulación sobre contenidos televisivos e infancia que podemos leer en esta página del  Minsiterio de la Presidencia. Podemos leer:

Los principios básicos de este código se fundamentan en la propia Constitución española, en particular en su artículo 39.4 por el que se establece una protección específica para los derechos de la infancia, que se consolida con la ratificación por parte de España, en noviembre de 1990, del Convenio de la Organización de Naciones Unidas de 20 de noviembre de 1989 sobre los derechos del niño.

¿Alguien ha hecho un repaso superficial del tipo de programas y sus contenidos en los horarios correspondientes a horario protegido de 06:00 a 22:00 horas? ¿Realmente estamos cumpliendo con el verdadero sentido del texto o estamos cogiendo con pinzas el tema mirando hacia otra parte?

Bien, podríamos aludir al argumento que la mejor forma de penalizar este tipo de acciones es simplemente no ver los programas que consideremos que pasan de puntillas por estas normas o que, como en el caso que da pie a este artículo en otro contexto, toman decisiones éticamente cuestionables. Si no hay audiencia, no hay ingresos y las cadenas de TV buscarán nuevos productos. Pero la triste realidad es que las personas que conforman dichas audiencias seguimos refrendando este tipo de programas y los amparamos con cifras y datos de éxito. ¿Dónde está pues la solución?¿Cuál es el problema de fondo? … ¿Control unilateral de los padres sobre la TV que consumen sus hijos? ¿Mayor educación en las jóvenes generaciones? Las televisiones tienen un argumento aplastante a su favor hoy en día: Doy a la gente lo que gente quiere ver.

Tampoco olvidemos a los anunciantes. Buscan que su publicidad sea vista por el mayor número posible de potenciales consumidores. ¿A qué precio y hasta qué punto uniendo su imagen de marca con determinados contenidos, enfoques y éticas? En el caso que nos ocupa, el mayor éxito ha consistido en que estos protagonistas del juego televisivo han dado un paso adelante y han retirado su publicidad. Pero no es algo que presenciemos frecuentemente… ¿Si no se hubiera destapado este escándalo los anunciantes hubieran retirado “motu proprio” su publicidad? Los anunciantes se autoregulan en cuanto a los contenidos que utilizan, pero… ¿También en profundidad sobre los medios en los que los insertan?

Hace años fui el director de comunicación corporativa de Gallup en España y publicamos un estudio sobre la credibilidad de los medios de comunicación. Aunque hace ya tres años de este estudio no creo que los datos hayan cambiado demasiado:


Aún hoy en día la televisión es uno de los medios con mayor credibilidad. Eso debería ser una carga de responsabilidad para los que ejercen el poder de creación de contenidos. Cosas como verificación de fuentes, enfoques informativos contrastados y no tendenciosos o especulativos con el objetivo de polemizar, vender supuestos actos de periodismo de investigación y generar audiencias, deberían ser un norte fijo que no tendría que perderse. ¿Es eso lo que presenciamos en muchos de los productos de masas que se consumen a diario por esas audiencias que generan los ingresos a los medios de comunicación?

No todo vale o no debería ser así, pero esta, podemos decir “crisis de valores”, no solamente afecta a aquel que produce un determinado contenido, sino a todos los demás que empujan esa rueda y hacen funcionar el sistema, los anunciantes refrendándolo y nosotros, los espectadores que cómodamente sentados en el sofá, creamos la audiencia que alimenta el ciclo.

Y termino con un ejercicio de demagogia, lo confieso. ¿Cuál ha sido historicamente el espectáculo más seguido por las masas? Quizá si se pudiera retrasmitir en directo un ajusticiamiento público desde la Plaza Mayor de Madrid como en la época de la Inquisición se batieran records absolutos de audiencia y los ingresos publicitarios del programa fueran espectaculares.

¿Por qué una marca puede perder seguidores en Facebook?

En varias ocasiones se ha abordado este tema en el blog desde distintos puntos de vista. Recuerdo varios artículos: ¿Por el interés te quiero Andrés en social media? donde se hablaba de los motivos que impulsan a alguien a seguir una marca en medios sociales en Internet; o Perfil del español que sigue a una marca en redes sociales en donde se analizaban las características del usuario nacional que sigue marcas en estos medios. En esta ocasión nos centraremos en el estudio que ExactTarget ha publicado sobre los motivos que llevan a una persona a dejar de lado una marca. Titulado “The Social Break-up”, ofrece respuestas teniendo en cuenta distintos canales (como es habitual en estos estudios se habla del público de los EEUU).

Comencemos con los reyes de esto del social media, Facebook.  En la imagen de la izquierda podemos ver algunos datos interesantes sobre el uso de esta red social. Pero ¿Por qué se sigue a una marca?

Como forma de expresión personal: Nos identificamos públicamente con la marca
Socialización: Es una oportunidad de conectar con consumidores con los mismos intereses
Relacionarse con la marca: Posibilidad de aprender sobre esa marca y sus productos e interactuar con ella
Ofertas y promociones: Se conocen mejor los productos, se está al día de ofertas y se puede sacar provecho de promociones exclusivas.

Aunque muchas veces se ha comentado que las promociones, ofertas y demás acciones publicitarias puras y duras son efectivas, paradójicamente también ese abuso es una de las principales razones que llevan al usuario al cansancio por una marca. Después de hacerse seguidor, un 51% de los usuarios esperan que la marca les impacte con mensajes comerciales; otro 40% espera contenidos diferentes a los puramente marketinianos y, el resto, no sabe decir qué espera exactamente de esa marca en Facebook.

Pero vamos al grano ¿Por qué abandona una persona a una marca en Facebook?

En el gráfico superior se detallan los resultados del estudio. A un 44% de los seguidores les cansamos bombardeando con exceso de contenidos. Un 43% afirma que su muro está repleto de mensajes publicitarios. Otro 38% considera que los contenidos se repiten y aburren. Un 26% simplemente quería aprovechar una oferta puntual y con un 24% encontramos dos razones ciertamente antagónicas: Por una parte dicen que no encuentran suficientes oportunidades y también lo contrario, la marca es demasiado promocional. Y siguen otras razones que hacen de todo esto un laberinto…

Como conclusión inmediata: Nunca llueve a gusto de todos. Por lo tanto no existen reglas fijas que puedan garantizar un resultado positivo en todos los casos. Es fundamental saber qué somos y qué queremos e ir probando, escuchar a nuestros seguidores como principal prioridad, e irnos adaptando según nuestra comunidad nos indique lo que realmente espera de nosotros. En redes sociales no podemos emitir mensajes unidireccionales y ya está. Si queremos tener presencia activa en medios como estos tenemos que tener claro que nuestro público potencial nos tratará de igual a igual. O aceptamos las reglas del juego o no obtendremos nada positivo.

El estudio habla de muchísimas cosas más, así que recomiendo dedicarle un buen rato de lectura: The Social Break-Up.

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