Continuamos hablando sobre el clipping

Sinceramente me sorprende positivamente el eco que el tema del clipping ha suscitado en este blog. Me alegro, aunque mi principal temor es elevar demasiado el nivel de discusión. Elevarlo por encima del objetivo meramente divulgativo de este blog.

Desde aquí advierto a los alumnos que si leen estos documentos lo hagan con mesura y me trasladen sus dudas sin el menor reparo. Obviamente están en inglés.

Dicho lo cual y atendiendo la solicitud de uno de nuestros lectores, nos adentraremos en una web sumamente interesante: The Institute for Public Relations

En esta página podemos encontrar documentanción al respecto de la medición de la efectividad de las campañas de comunicación frente a distintos públicos y desde diversos puntos de vista:

Guidelines and Standards for Measuring the Effectiveness of PR Programs and Activities

Guidelines For Measuring Relationships in Public Relations

Toward An Understanding of How News Coverage and Advertising Impact Consumer Perceptions

Using Public Relations Research to Drive Business Results

Ánimo y adelante.

Índice Serfusion de Valores Empresariales

Emilio Botín y César Alierta, presidentes del Santander y Telefónica, con la misma puntuación (8.1), encabezan la valoración en materia de Liderazgo, según se desprende de los resultados del Índice Serfusión de Valores Empresariales, en su tercera oleada, correspondiente a noviembre de 2008. La lista la cierra Fernando Martín, presidente de Martinsa Fadesa.

El estudio de Serfusion, consultora de comunicación, está dirigido por Carlos Díaz Güell y valora cuatro conceptos básicos del empresario: liderazgo, credibilidad, capacidad de comunicación e imagen pública y es el resultado de una encuesta en la que se ha solicitado la opinión de cerca de 180 periodistas económicos españoles.

Por lo que respecta al concepto de Credibilidad, este capítulo está encabezado también por el presidente del Santander (7.5), seguido del presidente de Telefónica y Amancio Ortega, presidente de Inditex, que empatan en la segunda posición (7.3). En último lugar aparece de nuevo Fernando Martín.

En materia de Capacidad de Comunicación, copa la primera posición el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán (7.3), seguido de Antonio Brufau, de Repsol y el presidente del Santander con 6.8 puntos cada uno. Juan Arregui, presidente de ENCE cierra este capítulo.

La mejor Imagen Pública es para Emilio Botín (7.7), a quien sigue Ana Botín (7.4), presidenta de Banesto. En cuestión de imagen, la partida la pierden Nicolás Correa y Juan Arregui con una valoración de 3.4 puntos para ambos.

En Valoración Global, consecuencia de la media de los cuatro valores empresariales evaluados, Emilio Botín (7.5) es el empresario que obtiene un mejor resultado, seguido en esta ocasión de Ignacio Sánchez Galán (7.3). El último puesto es para Fernando Martín (3.4). resultadoseneronov2008

Se acerca el momento de las presentaciones de proyecto 2

He encontrado un breve, pero curioso, artículo que nos sirve para ilustrar las ideas de lenguaje no verbal.

“Para muchos oradores el problema no estriba en su dominio de la materia, de conseguir la atención del auditorio sobre lo que se dice, ni siquiera lo es la manera o el tono de dirigirse al público. El verdadero inconveniente estiba en la comunicación no verbal.

El ejemplo más claro de esto es el de muchos políticos con una facilidad de palabra contrastada, vehementes, incluso brillantes en sus exposiciones, pero que no resultan convincentes en la manera de articular sus palabras o en sus gestos.

Por mucho que nos empeñemos todos tenemos hábitos y muchos de ellos no son precisamente buenos amigos de la comunicación. Nuestros tics y muletillas deben estar siempre dirigidos a reforzar nuestro discurso, pero muchas veces lo único que consiguen es todo lo contrario.

Esto es lo que pasa precisamente con los políticos a los que hemos hecho referencia anteriormente.

Sometidos al juicio de las consultoras de imagen, dejan que ellos sean los que decidan cuales son los gestos más apropiados que el candidato debe potenciar en sus apariciones públicas.

“Señor ministro, sería conveniente que no se meta las manos en los bolsillos con tanta frecuencia, porque parte del electorado puede pensar que está usted ocultando algo.”

“Señora alcaldesa, no es muy convincente que mientras usted está hablando sobre la solidaridad con el Tercer Mundo, esboce la misma sonrisa que cuando inaugura Palacio de Exposiciones y Congresos”.

“Señor Presidente, si me permite darle una recomendación, tendía usted que intentar sonreír un poquito más. Ya se que los datos son preocupantes, pero no es bueno que usted transmita esa desesperanza. Además el electorado podría identificarle con la actual situación, hacerle responsable de ella…”

“Señora diputada, no se toque de nuevo la nariz en público. Podríamos sustituir ese gesto por el de rascarse la barbilla, o mejor aún levantar el dedo índice con autoridad”.

El resultado de estos bienintencionados gabinetes no suele demasiado bueno porque topan con el inconveniente de que los políticos, aunque se diga lo contrario, no suelen ser buenos actores y equivocan el gesto con el discurso.

El uso inapropiado de las manos es uno de los defectos que con mayor frecuencia afectan tanto a actores como a oradores.

Un gesto bien hecho remarcará nuestras palabras, haciéndolas más convincentes, pero un gesto inapropiado no hará sino restar la atención de las palabras, quitándoles el protagonismo que se merecen.

Lo mismo ocurre con otros aspectos de la comunicación no verbal.

Las expresiones de la cara no son menos explícitas sobre las verdaderas intenciones de quien está pronunciando el discurso, así como la postura del cuerpo, o los movimientos que el orador pueda desarrollar en el escenario.

Un término medio suele ser lo más aconsejable en estos casos: ni demasiado cohibido refugiado detrás de la mesa o del atril, ni excesivamente suelto como los tele-predicadores americanos.

No obstante, lo que realmente distingue a un buen comunicador de uno que no lo es el contacto visual con el público. Poseer una mirada que sepa transmitir es básico a la hora de establecer una verdadera comunicación con un público.

En la mirada está la verdad y la mentira, la convicción y el compromiso de quien está hablando. Pero es igualmente importante para el orador saber leer en los ojos de los que le están escuchando: si están interesados o no, si están entusiasmados o aburridos, si comprenden lo que está tratando de decir, si lo comparten o no están de acuerdo.

La clave de la comunicación está en los ojos.”