No es tanto qué se dice sino cómo se dice: El poder de la oratoria

Esta mañana he leído un artículo publicado por mi buen amigo Mario López de Ávila en su blog “Nodos en la Red”. Su título es: “Lo que de verdad cuenta” y profundiza de manera muy interesante sobre la objetividad existente en las competiciones de startups o de planes de negocio donde los emprendedores presentan personalmente sus proyectos.

Parte de ese texto me ha hecho recordar lo que les digo a mis alumnos en los seminarios de presentaciones eficaces, en la EEN, Escuela Europea de Negocios, cuando intento hacerles ver la importancia que puede llegar a tener dominar las armas de comunicación a la hora de transmitir ideas a una audiencia, por ejemplo y sin ir más lejos, en la presentación y defensa de los proyectos fin de master (que no difiere demasiado de una competición de emprendedores).

Un proyecto mediocre puede mejorar con una buena presentación oral frente al tribunal si se logra sorprender y captar la atención; en sentido inverso, un buen proyecto presentado de forma indolente puede perder fuerza y obtener menos reconocimiento. Los tribunales están compuestos por simples personas y, por lo tanto, no son inmunes a los efectos de la comunicación, o podríamos decir, de la oratoria.

Nunca una competición en las que los participantes presenten sus ideas directamente será justa objetivamente. Aquellos con mayor capacidad para enfrentarse al reto de hablar en público, de dominar su lenguaje verbal y no verbal tendrán buena parte del camino andado. Si, además, les respalda una idea o proyecto competitivo, la ventaja será aún mayor.

Según la RAE, la oratoria es el arte de hablar con elocuencia.

  • Elocuencia: (Wikipedia) La elocuencia (del latín eloquentia) es la capacidad de expresarse en público de forma fluida, elegante y persuasiva. Es una manera de expresar emociones de tal forma que produce convicción o persuasión en el oyente, mediante la lengua hablada o escrita, de una forma llamativa y apropiada.
  • Aunque particularmente me gusta la frase que se atribuye al flósofo griego Timón: “La elocuencia es la habilidad de conmover y convencer“.

¿Qué importancia tiene trabajar la oratoria en el mundo profesional?

Hay una conocida frase de William Ellery Channing que dice:  “Un hombre de fuerza e inteligencia extraordinaria puede no ser más que un cero en la sociedad si no sabe hablar”.

Se pueden dar muchas respuestas. Personalmente creo que puede aportar la diferencia entre el éxito y el fracaso en numerosas ocasiones a lo largo de la vida profesional. El 90% del tiempo que dedicamos a relacionarnos con el entorno lo hacemos “hablando”, el resto, un 10% leyendo o escribiendo. Es lógico deducir que dominar entonces esa herramienta es fundamental para conseguir nuestros objetivos.

En este punto deberíamos hablar de inteligencia cognitiva y también de la inteligencia emocional. Ambas dan su aporte a nuestra capacidad oratoria. La primera porque es responsable, entre otras cosas, de la memoria la atención y el lenguaje; la segunda porque nos permite utilizar las emociones y los sentimientos, comprenderlos en nosotros mismos y en los demás y usarlos de forma razonada.

Según el sicólogo Howard Gardner, creador de la Teoría de las inteligencias múltiples, “la inteligencia es la capacidad para resolver problemas o elaborar productos que puedan ser valorados en una determinada cultura“. Gardner habla de tipos de inteligencia, entre ellas:

  • Inteligencia lingüística: capacidad de usar las palabras de manera adecuada.
  • Inteligencia corporal-cinestésica: capacidad de controlar y coordinar los movimientos del cuerpo y expresar sentimientos con él.
  • Inteligencia intrapersonal: está relacionada con las emociones, y permite entenderse a sí mismo.
  • Inteligencia interpersonal o social: capacidad para entender a las demás personas con empatía; está relacionada con las emociones.

Todas y cada una de ellas relacionadas con las características de un buen orador. Siempre he defendido que lograr ser un orador competente se basa en un ejercicio de sinceridad, en la humildad y, por último en el esfuerzo y la dedicación. Indudablemente hay personas privilegiadas que nacen con aptitudes innatas. Por ejemplo, si un orador domina la elocuencia y además dispone de una devastadora virtud como el carisma:

  • Carisma: (Wikipedia) Carisma (de la palabra griega χάρισμα /jarisma/, “presente” o “regalo divino”) es utilizada usualmente para describir una habilidad para otras personas. Se refiere especialmente a la cualidad de ciertas personas de motivar con facilidad la atención y la admiración de otros gracias a una cualidad “magnética” de personalidad o de apariencia.

Entonces estaríamos delante de alguien con capacidad de “comunicar” con su audiencia de forma contundente, con una capacidad de convencimiento por encima de lo normal. No siempre utilizada en el camino apropiado como la historia nos ha enseñado con personajes como Adolf Hitler, Benito Mussolini, Josef Stalin, etc.

Siempre comento que la asignatura de presentaciones eficaces es una de las más difíciles de un master. No porque sea complejo entender conceptos, ni aplicar herramientas como en otros casos, sino porque es la asignatura donde debemos enfrentarnos a nosotros mismos, a nuestros miedos, debilidades y fortalezas (intelectuales y psicológicas) y mirarnos al espejo y ser sinceros con nosotros mismos es quizá unos de los ejercicios más duros que existen.

Quizá sea por ese reto que muchos desprecian la capacidad oratoria en su rol de ejecutivos, quizá por eso se niegan a contratar un seminario de preparación de portavoces llegado el momento de su carrera en que pueden necesitarlo o que mejoraría, como mínimo, su imagen y la de la empresa que representa.

Personajes como Amancio Ortega no hablan jamás en público y han tenido éxito. Otros, como Emilio Botín o César Alierta no son excelentes oradores y también han triunfado. Bien, es cierto sin duda, y son perfectas excusas para no trabajar en esta habilidad. Pero eso no quiere decir que la oratoria no sea un arma trascendental en cualquier carrera profesional. Nuestra mejora constante debe ser uno de nuestros objetivos primarios e incluso a esos grandes hombres de éxito ser oradores brillantes, en la medida de sus posibilidades, les ayudaría aún más.

Pero de las habilidades oratorias de nuestros empresarios y políticos ya hemos hablado en este blog y quizá otro día volvamos a tocar el tema.

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