¡Cuídate de los idus de marzo! … y de los idos de julio

“¡Cuídate de los idus de marzo!”, le decía una vidente a Julio César en el drama de William Shakespeare. Y en este mes de julio (mes que debe su nombre al antes citado Julio César) hemos sido testigos de otro drama protagonizado por un debate sobre la forma del imperativo del verbo “ir”, idos. Sí, ese que todo “quisqui”, o “quisque” (que proviene del latín, ¡venga! un día es un día, y de significado “Cada uno”, “Cada cual”) dice de forma errónea… “iros”.  Bueno, me he quedado a gusto con este inicio pedante.

El drama se plasma en un agrio debate entre los defensores de la pureza de la lengua que recriminan a la Real Academia de la Lengua Española que no cumple su obligación de proteger el castellano, y los que dicen que si la mayoría de los hablantes usan “iros” en vez de “idos” (o “ios”), lo lógico es aceptar la evolución de la lengua aunque se trate de un uso erróneo de la misma. El que quiera documentarse sobre el debate, ahí tiene Google y hay material para entretenerse un buen rato.

La verdad es que si la protección de la lengua la hubiéramos llevado al extremo desde hace milenios, en España. o mejor dicho, en Hispania, seguiríamos hablando latín. No olvidemos que nuestro castellano es la derivación vulgarizada por el pueblo llano de aquella lengua (dejando a un lado otras influencias posteriores gracias a una invasión por aquí y otra por allá). Por lo tanto, si aceptamos que las lenguas son seres vivos que se adaptan a los cambios sociales y culturales con el paso del tiempo, debemos aceptar que nuestro castellano no es el mismo de hace un siglo y no será el mismo tampoco dentro de cien años.

De momento la RAE lo que dice es que lo correcto sigue siéndolo y lo equivocado, mal está. Solamente se acepta un uso sin que aún nadie haya dicho que sea correcto (corríjanme si estoy mal informado). Pero hombre, dirían los puristas, si permitimos abrir puertas a la aceptación del uso de este nuevo imperativo se contagiará a todos los demás y estaremos, por analogía, deteriorando la lengua. Cierto es, pero el debate esta en el término “deteriorar”. Si admitimos este cambio ¿Será una evolución o una degradación?

Aunque la realidad es que la mayoría otorga más peso al uso de la lengua que la minoría. Me llama la atención del uso maniqueo del término “coloquial” enfrentado a “culto”.

¿Es entonces la lengua patrimonio de lo culto o es conducida a través del tiempo por lo coloquial?

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¿Usamos bien nuestro idioma?

Este blog trata sobre comunicación corporativa, está claro. Sin embargo nada podemos hacer si el uso del lenguaje no es el apropiado. La intencionalidad de un mensaje se construye con una herramienta básica, la lengua (Y no me refiero al órgano muscular situado en la cavidad de la boca de los vertebrados y que sirve para gustación, para deglutir y para modular los sonidos que les son propios).

Durante este curso he mantenido una graciosa disputa con un alumno que siempre comienza sus presentaciones con un “compañeros y compañeras”. Yo siempre le insisto en que el lenguaje debe evolucionar, es indudable, pero siempre bajo el respeto al rigor y la corrección, que para algo existe la Real Academia Española desde 1713.

Pero se hace difícil hacer entender conceptos tan universales, cuando diariamente vemos como se retuerce nuestra lengua aludiendo motivos que, realmente, no tienen nada que ver con algo que no sea una intencionalidad política de escasa funcionalidad.

Pongamos un ejemplo. La Ministra de Igualdad, Doña Bibiana Aído, ha comparecido recientemente en el Congreso de los Diputados diciendo cosas como:

“Miembros y miembras de esta comisión”….

“El informe de evaluación de los tres años de la Ley Integral se presentará a finales de mes en el Consejo de Ministros y Ministras

“Serán políticas diseñadas con la participación real de las y los jóvenes y en permanente diálogo con ellas y ellos

“Es una verdad celebrada y compartida por todos y todas…”

Sin ánimo de ofender a nadie, nuestro diccionario se encuentra en urgencias de un hospital en estado de coma debido a los traumatismos recibidos durante esa intervención. Quede claro que este artículo no tiene afán político alguno, simplemente hablamos del correcto uso de la lengua en los entornos formativos, y los políticos, con su repercusión mediática, son, o deben ser, un ejemplo ante el resto de la ciudadanía, de la misma manera que lo somos los periodistas cuando redactamos en los medios escritos o hablamos en radio o televisión.

Repasando la prensa encontré un comentario de un miembro de la RAE, D. Gregorio Salvador, que manifestaba al respecto de lo sucedido: “La lengua es un sistema económico de expresión y el masculino vale en este caso como término neutro que sirve para masculino y femenino”

Sinceramente todo esto me parece tendencioso y aberrante. Se pretende dar un aspecto de igualdad superficial recurriendo a situaciones que responden a la tan española palabra que es “esperpento”.

Lo sé, soy un purista, pero como periodista de profesión… ¿o debería empezar a usar el término “periodisto”? tengo cierto amor por mi lengua, el castellano. Deberíamos preocuparnos menos por nimiedades de este porte y poner más énfasis en intentar corregir el hecho, más preocupante sin duda, que personas de 28 años, con experiencia académica y profesional, comentan constantemente faltas de ortografía y gramaticales que ponen los pelos como escarpias.