Mentorízate COVID19 ¿Cómo las grandes marcas hacen frente a un frenazo en seco de la economía?

Si algo me gusta de mi profesión de la comunicación es la sana costumbre que tenemos los profesionales del gremio de trabajar en equipo. Y esta vez ha sido una de esas ocasiones en las que da gusto formar parte de un proyecto.

Mentorízate COVID19 Ni ell@s ni sus empresas estaban preparad@s para el impacto de la COVID-19. ¿Cómo las grandes marcas hacen frente a un frenazo en seco de la economía?

De la mano del consultor digital, José Ángel Arias y de la periodista y comunicadora, Raquel González, nace esta idea que os presento y que les agradezco, desde aquí, la oportunidad que me han brindado para decir algunas tonterías de las mías sobre la comunicación (que conste que se lo advertí…). Pero ¿de qué va este proyecto? Vaya un pequeño spoiler:

¿Preparado para una nueva realidad? Te invitamos a sumergirte con nosotros en el fascinante mundo de la comunicación y el marketing digital, pero en unas circunstancias un tanto “especiales”. Si estás decidido a bucear por estas páginas, debes saber que en ellas conocerás, de la mano de profesionales de primer nivel, cómo las grandes marcas han hecho frente a la COVID-19 y, sobre todo, cómo afrontan el futuro. A través de este libro no pretendemos transmitir verdades absolutas, no vamos a marcarte un camino único a seguir que solucione todos tus problemas, ni tenemos la vacuna contra la situación económica y social que estamos viviendo. Vamos a contarte cómo han vivido esta pandemia  profesionales con puestos de responsabilidad en sectores que se han visto afectados, de una u otra manera, por la COVID-19, profesionales que respetamos y admiramos por haber sido elegidos como responsables digitales, de comunicación, RRHH, estrategia, educación… por marcas y organizaciones de gran prestigio a nivel nacional e internacional.

Pues hasta aquí se puede leer, ahora #Mentorízate y descarga el ebook

Pero oiga usted ¿Qué es eso de las fake news?

Caramba, ¡cuánto tiempo sin abrir este blog y escribir!. Desde julio del 2019… Y en tan sólo medio año el mundo ha cambiado tanto… ¿O no? Con esto de las crisis se dice que las personas sacan lo mejor de ellas mismas. Bueno, personalmente creo que las personas siempre actúan en consecuencia. El que tiene buen fondo, es majete y el que no lo es, sencillamente no lo es.

Pero bueno, que, como siempre, me voy del tema. Mucho se habla en estos tiempos revueltos de los bulos, mentiras, noticias falsas o eso más moderno de las fake news, o los hoax que decíamos los ya veteranos en esto de Internet. Nos hacemos de cruces y mucho nos indignamos, indignación que, claro está y como siempre, va por barrios que parece que la mentira ajena es siempre más mentira que la propia… Pero ¿Qué es una fake news? Básicamente es una noticia falsa que se divulga con la intención de que los receptores de la misma crean que es cierta y, de esa manera, generar una determinada corriente de opinión que favorezca al emisor de la falsedad.

Hasta aquí tampoco hay nada nuevo. Esto de intentar hacer pasar una mentira por una verdad es tan viejo como el ser humano. Y si lo llevamos al campo politico o de poder, es tan antiguo como la intención del mandatario de manipular a su pueblo acorde a sus intereses.

Este fenómeno alcanzó una nueva dimensión cuando llegaron los grandes difusores de la información y la generación de la opinión pública desde hace más de dos siglos, los medios de comunicación. El llamado “cuarto poder” que con rigor, independencia y suma profesionalidad, trasladan la verdad a sus audiencias. Aquí, y bromas aparte… nadie se me enfade que no digo nombres ni medios, pero habría muchos que deberían hacerse ver eso de decir que son “periodistas”. Pero bueno, esos medios de comunicación se convierten en grandes empresas con grandes costes operacionales y salariales y la publicidad es su sustento económico. Por lo tanto hay que establecer buenas relaciones con los anunciantes, o sea, las empresas privadas y las instituciones públicas. De la transparencia de la inversión de la publicidad institucional no digo nada que ríos de tinta hay escritos para todos los gustos. El que quiera profundizar en ese espinoso asunto, tiene un océano para navegar. Y con el tiempo, aumenta la competencia, llegan la radio, la televisión y finalmente Internet. El pastel publicitario se reparte y las crisis económicas y las peores, las crisis de modelo de negocio, hacen que la situación financiera de esos medios sea mucho más inestable (incluso crítica). Y esto hace, obviamente, que estas empresas informativas sean más dependientes. Aquí podríamos abrir mil hilos de argumentación porque el tema daría para debates “ad infinitum”. Sigamos adelante.

Y aquí tenemos un dilema. Si una empresa presiona a un medio para que el enfoque de una noticia sea uno concreto (el que favorece a la empresa por ejemplo) y para ello usa la fuerza de su inversión publicitaria en ese medio (tan necesario y más en tiempos escasos) ¿No estaríamos hablando de una mentira, una noticia falsa o una fake news? La proliferación de los llamados acuerdos redaccionales en medios de comunicación bordean constantemente las líneas rojas entre la información y lo que ya no es tan informativo y pasa a ser más, seamos suaves, intencionado.

Y llega Internet, y con ello proliferan nuevos tipos de divulgación de la información y, en relación al periodismo, aparecen los medios de comunicación online (periódicos digitales) y después también el fenómeno de los medios sociales (que vamos a dejar de lado de momento). La llegada de Internet amplia muchísimo la oferta informativa pero no cambia en demasia el comportamiento que antes he descrito. Incluso diría que la competencia, y la complicación de la supervivencia de ciertos modelos de negocio, lo complica todo mucho más. Aquí añadiríamos un nuevo concepto, aquello llamado el marketing de contenidos, el branded content. La idea no era nueva ya que podríamos definirla como la nieta de los publi-reportajes, pero son contenidos de pago supuestamente identificados como tales y, por lo tanto, debidamente marcados para que la audiencia los entienda como tales y no se generen malentendidos. ¿Quiero decir que todos estos contenidos atentan contra la verdad? En absoluto, pero hay infinidad de casos confusos y que juegan a esa confunsión con total intencionalidad. Incluso existen medios de comunicación que no solamente lo permiten sino que juegan a ello abiertamente. ¿Qué conseguimos con esto? Pues, tristemente, un panorama informativo que, paulatinamente y fruto de diversos vaivenes a lo largo del tiempo,  genera un contexto mucho más confuso para determinadas audiencias menos capacitadas para entender este ecosistema.

Pero olvidamos un detalle, la línea editorial. ¡Eh, cuidadito con meterse con la libertad de prensa! ¡Dios me libre de tal pecado! Pero cuando la línea editorial se convierte en la columna vertebral de la información transformándola, sistemáticamente, en opinión (que no es lo mismo) y haciendo que parezca información – detalle muy importante – entonces resulta que un determinado medio de comunicación se convierte en el brazo “escrito, visual o sonoro” de una determinada, vamos a llamarla, “Intencionalidad”. Si volvemos a la inicial definición de la fake news ¿Acaso esto no es ya la generación de una noticia falsa en función de unos deteminados intereses para llegar a una audiencia concreta y generar, o intentarlo al menos, una corriente de opinión? En mi opinión, la presión clásica, pública y privada, a los medios es y ha sido una fuente de fake news desde hace muchas décadas.

Pero he aquí que llegamos a la era de la desintermediación de la información. Ya no tenemos un emisor, público o privado, que, a través de los medios de comunicación, llega a la opinión pública. Aparecen herramientas, blogs y redes sociales, que permiten que los individuos se conviertan en emisores directos de información y permiten que también las propias instituciones, publicas o privadas, se conviertan en emisores directos de información que llegan directamente a la opinión pública sin la participación de ningún actor intermedio. La pérdida progresiva de credibilidad de otras fuentes, incluidos los medios de comunicación, hacen que mucha gente busque la información de otras maneras y que le dé más credibilidad cuando son esas supuestas fuentes individuales y, en teoría, independientes, las que se la ofrecen (más, lógicamente, cuando el emisor es un individuo que cuando es una empresa). Aparecen las curiosas figuras de los gurús, influencers (herederos de los viejos líderes de opinión) o como queramos definirlos, con las nuevas oportunidades de negocio que eso genera, y también aparecen todos las técnicas y tácticas que permiten abonar, cultivar y también falsear todas estas acciones comunicativas. Hablamos de la generación de falsas comunidades, followers, tráfico web, etc. Aquí las empresas tecnológicas, propietarias de las más famosas redes sociales y de jugosos negocios publicitarios basados en datos, sí que podrían desarrollar medidas de control mucho más adecuadas para, intentar impedir o al menos dificultar mucho este tipo de información falsa. Se han tomado medias, cierto es, pero el fenómeno continua por lo que se debe seguir trabajando en esa línea de verificación. Pero este es otro camino más de debate que se nos abre en este recorrido argumental.

¿Entonces los social media son todos malos malísimos? Pues no, ninguna herramienta es mala ni buena, lo malo o bueno es el uso que le damos. Y el problema es que este nuevo contexto múltiple de la información se convierte en un escenario ideal para la difusión de información malintencionada. Evidentemente, esa oportunidad no es desperdiciada ¿Por quién? Pues por todos los que quieren aprovecharse de ello y obtener un rédito económico o de poder, es decir, las instituciones públicas y privadas, incluídos, por supuesto, Gobiernos y partidos políticos y sus maquinarias de propaganda. Y este caos se ha llevado al extremo cuando aparecen las granjas de fake news orientadas a la manipulación industrializada de la opinión pública de una país concreto en una situación concreta. Y, además, aquí entramos en otra caja de Pandora, la protección de los datos personales y su uso por parte de las grandes empresas tecnológicas. La suma de todos estos factores nos lleva al caso de Cambridge Analytica en la elecciones norteamericanas, o, en general, en las diversas elecciones, referendos y debates políticos en el mundo, incluídos los de nuestro propio país, por supuesto. Ojo en este punto, sabemos que hay Gobiernos que financian la generación de información falsa para desestabilizar a otros países y lo vivimos con total naturalidad. Una naturalidad que los Gobiernos viven de forma muy diferente llevando sus conflictos internacionales a la Red de forma diferente a la que hemos vivido en tiempos pretéritos. Pero esto de las guerras cibernéticas se lo dejaremos a los expertos en geopolítica.

Hasta aquí nos damos cuenta que la tela de araña de la información es tremédamente compleja y no tan sencilla como podría parecer. Aunque, la verdad, es todo tremendamente humano, es decir, es una constante lucha por el poder.

Entonces ¿Cuál es el problema que hace que hoy hasta los diputados (nada más analógico que un político hasta que se dieron cuenta verdaderamente de la utilidad de las TIC. Utilidad para ellos… quiero decir) no dejen de mencionar esto de los bulos y las mentiras. Atención, ¿políticos hablando de mentiras? En fin, lo mismo eso de la apocalipsis va a ser cierto…

Superado el shock retomo el asunto. Hablaba del problema este de los bulos y lo preocupados que ahora están todos cuando ya hemos visto que la cosa viene de muy largo. Como decía, el complejo contexto de la información actual deja resquicios que los expertos aprovechan. Y esos expertos asesoran a empresas e instituciones públicas (incluidos los partidos políticos). Y, por lo tanto, las cuentas falsas en redes sociales, las presiones económicas a periodistas o medios, la mezcla tóxica de información y opinión generando noticias falsas disimuladas tras las opiniones de cada cual… hacen que la empanada que se genera sea de bastante consideración. A tal nivel de combate hemos llegado que nos encontramos en un escenario tan polarizado, extremo y encarnizado, que la lucha por la manipulación de la opinión pública ha llegado a un extremo realmente inadmisible. Ya las fakes news no son digitales, ni siquiera escritas a la forma decimonónica, ya las vemos pronunciadas verbalmente de boca de líderes políticos, en los tribunas de los parlamentos, sin pudor alguno, con una absoluto descaro y desprecio por la verdad. Y, lo que es peor aún, como parte de una estrategia de esas que ahora llamamos “transmedia”. Partiendo de la vetusta propaganda evolucionamos y, ciertamente, llegamos a esto que me gustaria llamar, si se me permite la licencia, “maquiavelismo 2.0”.

En resumen, las fake news no son nuevas en absoluto, la intención de manipular a la gente es tan antigua como la civilización humana y, tristemente, ha evolucionado tecnológicamente de la misma manera que todo lo demás. Aquellos que quieren manipular lo han hecho y lo seguiran haciendo (viven de ello). Lo que si me llama la atención y me parece sumamente preocupante, es lo mucho, lo demasiado, que nos estamos acostumbrando los demás a la mentira y como, en muchas ocasiones, nos convertimos en la mejor caja de resonancia de esas acciones, nos convertimos en repetidores de fakes news ayudando a su difusión convirtiéndonos en granjas de acólitos, incluso de sectarios. Vivimos tan rodeados de esa mentira que ya no le estamos dando el castigo que merece, que ha merecido en el pasado y que debe seguir teniendo si queremos convivir en un mundo libre.

Vivimos en la tela de una araña pero no olvidemos nunca que somos las moscas.

La importancia de saber hacer nuestro trabajo

Después de tantos años trabajando en el mundo de la comunicación uno se ha acostumbrado a que divulgar lo que se hace es parte importante de nuestro día a día. Sabemos que nosotros escuchamos a los demás, más que nada porque es parte vital del oficio, sin embargo, cuando nosotros hablamos el resto tiende facilmente a opinar. Y es que de comunicación sabe todo el mundo y es fácil debatir sobre eso de los intangibles. A veces si nos pusieran una cervecita y unas tapas el escenario sería más llevadero. En resumidas cuantas, que ya me estoy yendo por la tangente, es fundamental conocer nuestro trabajo a fondo y echarle pasión para conseguir nuestros objetivos.

Y eso debería ser extrapolable a cualquier otro oficio de este mundo. ¡Cuánto más si el trabajo consiste en dedicarse al servicio público a través de la política! Pero ¿Qué es trabajar de político? Definir a un político es complejo puesto que podemos encontrar múltiples definiciones. Nos dice la Wikipedia: “el ordenamiento jurídico considera a los políticos elegidos o nombrados como representantes del pueblo en el mantenimiento, la gestión y administración de los recursos públicos”. Bueno, nos podría valer. En todo caso un político, que ha alcanzado su puesto a través del voto democrático en unas elecciones en las cuales ha logrado convencer a un electorado, debe después asumir la responsabilidad de su trabajo, la responsabilidad del peso de la confianza que en él se ha depositado a través de esos votos y, por último, desarrollar su labor también con responsabilidad, con sentido común y con aquello que se llama “sentido de estado”. O dicho de otra manera, fijar sus pensamientos y actos en encontrar la mejor forma de ayudar a su país y sus ciudadanos dejando en un segundo término otro tipo de intereses. ¿Qué intereses? Pues hombre, intereses económicos o personales, intereses de partido o, como comúnmente se denomina, dejando en un segundo término el “amor a la poltrona”.

Y es que en nuestra aún joven democracia. ¡Oiga, oiga, que ya llevamos cuarenta años en esto de la democracia! Pues bien poco nos luce presumir tanto de democracia consolidada cuando, si echamos la vista atrás solamente somos capaces de tener gobiernos estables cuando una opción política obtiene mayoría absoluta o, no teniendo esa mayoría, solamente necesita pocos votos que, tradicionalmente se han conseguido gracias al “generoso y desinteresado” apoyo de partidos nacionalistas (vascos y catalanes). Pero ¡Ay! que la crisis (dichosa crisis) pone todo mangas por hombro y comienzan a salir nuevas opciones respondonas, sorpassos y aquello del cómodo bipartidismo desaparece. ¡Horror, las mujeres y los niños primero! Ahora va y resulta que hay que negociar ¿Negociar? Sí, negociar.

Y entoces aparece eso de “quiero ser ministro”, “no es no”, contigo ni agua, que viene la ultraderecha ¡inadmisible! Pero oiga, si ya hay ultraizquierda y nadie dice nada. Bueno, caramba, pero no es lo mismo ¿Ah, no? No hombre. Chascarrillos a un lado, la realidad es que llegados a este punto nuestros respetados politicos comienzan a mostrar carencias en las habilidades (e incluso de la pasión) necesarios para hacer adecuadamente su trabajo. Quizá les estamos pidiendo demasiado…

Y en esas nos encontramos. Nosotros venga a ir a las urnas a meter papeletas y los políticos dale que te pego a traspasar cualquier límite del ridículo y empeñándose en demostrar que su trabajo, su parte del trabajo después de que nosotros hayamos hecho la nuestra, pues que como que no… No hay manera de que nadie se ponga de acuerdo en nada, ni entre los partidos de derechas ni entre los de izquierdas. Pero ¿Y entre derecha e izquierda? Pero menuda bobada que acabo de decir. ¿Ponerse de acuerdo partidos ideologicamente enfrentados en España? Eso solamente lo hacen en países degenerados y poco democráticos como Alemania, donde para lograr sacar su país adelante, la izquierda y la derecha gobiernan juntos y, mire usted, no se desencadena ninguna apocalipsis. Pero claro, en nuestra ultrademocrática España eso causa hasta risa (menuda idiotez acaba de escribir este loco).

Pero lo mejor siempre está por llegar y un día nos amanecemos con nuestro Presidente de Gobierno en funciones diciendo que hay que hacer una reforma constitucional. ¡Por fin, alguien que ve las necesidades de la Nación! No…. espera que te precipitas. Lo que propone es cambiar el artículo 99 de la Carta Magna porque “no funciona”. Es decir, que como nuestros políticos son incapaces de llegar a ponerse de acuerdo ni en el menú de una comida, resulta que la culpa es del artículo 99 que dice, básicamente, que para que sea elegido un Presidente de Gobierno debe haber más votos a favor que en contra en el parlamento (fijese usted que cosa más rara) y eso implica diálogo y acuerdos. ¿Lo siguiente qué será, que para aprobar una ley tampoco sean necesarios más votos a favor que en contra?

En fin, que no nos pase “ná”. Me acuerdo de aquella frase de Cicerón: “Humano es errar, pero sólo los necios perseveran en el error”.

El futuro de la Banca, los Seguros y el Marketing

Hace algunos meses, mi colega Fernando Rivero, CEO de ditrendia, me invitó a participar en la elaboración de un libro de caracter coral para la Asociación de Marketing de España. bajo el título “El futuro de la Banca, los Seguros y el Marketing“. Evidentemente mi respuesta fue afirmativa y me puse delante de la página en blanco para hacer el ejercicio de imaginar cómo podrían ser los préstamos personales dentro de algunas décadas. casi nada… Comencé a consultar a diversos compañeros expertos en mi empresa, BNP Paribas Personal Finance, compañeros de las áreas de riesgo, marketing B2C, comercial, jurídico y fraude, y con toda esa información, manos a la obra, a intentar resumirlo en un capítulo para ese libro.

Afortunadamente para los lectores no estaba solo ya que otros 47 profesionales de los sectores de la banca, los seguros y el marketing me acompañaban en el proyecto. Profesionales de empresas como BBVA, ING, Santander, IberCaja, Google, MasterCard, Caser Seguros, Maphre, Axa, Generalli, Pelayo, etc, etc.

¿Cómo será la banca del futuro? ¿Cómo serán los seguros? ¿Cuál será el papel del marketing en el sector financiero y asegurador? Este libro trata de responder muchas preguntas. Los autores compartimos nuestras visiones del futuro de sectores que van a cambiar drásticamente en los próximos años, entre otras cosas, por la transformación digital, el impacto de las tecnologías y el cambio en las tendencias de consumo, de los modelos de negocios, de las legislaciones, etc. Francamente creo que esta mezcla de experiencias y enfoques ha dado como resultado un libro muy interesante, de fácil lectura y que, desde aquí, recomiendo a todos los que estéis interesados en estos temas.

Por cierto, y mucho más importante, los beneficios por la venta de este manual especializado serán destinados en su totalidad a la lucha contra la leucemia infantil, a través de la Fundación Uno entre cien mil”.

¡Si te animas, puedes comprarlo! 🙂

No me creo ná de lo que dices, no me creo ná de lo que enseñas

Buscando por la red, encontré la letra de un tema de rap con Dj Yulian que me permito usar en parte para comenzar este texto (vaya por delante mi agradecimiento).

No me creo na’ de lo que dices, no me creo na’ de lo que enseñas. No me creo na’ de lo que escribes,
lo que piensas, lo que sientes, lo que sueñas, de todo lo que vives no me creo na’.

Y es que en nuestra sociedad polarizada en extremo, donde cada comentario es fusilado sin piedad por las hordas del perpétuo pensamiento opuesto, donde detrás de cada esquina está siempre apostado alguien que pone en tela de juicio todo y a todos por deporte (y ojalá fuera por la posesión de un gran sentido crítico), donde pastan a sus anchas las noticias falsas y, no olvidemos, también las falsas noticias (paparruchas y manipulaciones si queremos ser más directos), los medios de comunicación también sufren ese descrédito generalizado de la información.

Hablemos de confianza. España es el país del mundo donde más ha caído la confianza en las instituciones ¿Sorprendidos?

De acuerdo en la nueva edición del Edelman Trust Barometer realizado por la consultora de comunicación Edelman. En un escala de 1 a 100, la confianza de los ciudadanos españoles alcanza los 40 puntos, lo que coloca a nuestro país entre los más desconfiados y, además, desciende siete puntos con respecto a los datos de la última edición del estudio (La media mundial es de 52). Solamente nos superan Rusia y Japón entre los 26 países que han sido analizados. En un año, España ha pasado del puesto 12 al 23.

Y llegamos a la prensa. El estudio le asigna 36 puntos, 8 puntos menos que en 2018 (la media mundial en este caso es de 47). A nivel global, se confía mucho más en la prensa tradicional (65 puntos) que en las redes sociales (43). En un punto intermedio quedan los nativos digitales (55) y los medios propios (49).

E, importante dato, el 73% de los encuestados se muestran preocupados que las fake news se utilicen activamente.

Los que tengan ganas y tiempo, les recomiendo leer el estudio, encontraran información interesante sobre las marcas, las empresas e incluso los gobiernos.

Hay muchos estudios y estamos rodeados siempre de datos, pero paremos y reflexionemos un poco sobre todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Y aquellos que nos dedicamos a la comunicación ¿Qué parte de culpa tenemos de lo que pasa y qué podemos hacer para remediarlo?

No me creo na’ de lo que dices, no me creo na’ de lo que enseñas. No me creo na’ de lo que escribes,
lo que piensas, lo que sientes, lo que sueñas, de todo lo que vives no me creo na’.

 

Diez años han pasado y seguimos comunicando, y a mucha honra

El tiempo pasa volando, la verdad. Dejando a un lado la nostalgia que siempre eso produce y con el pensamiento de que el presente y, sobre todo, el futuro, son lo más atractivo, aquí seguimos comunicando y dando guerra. Y uno de esos episodios que, de tanto en tanto, hacen nuestro trabajo más interesante, ha sido el evento del 10º aniversario de “Perspectivas de comunicación” que celebramos la semana pasada.

Recuerdo aquel año 2011 en el que se puso en contacto conmigo Wellcomm, a través de Rosa Marías y Silvia Albert, para proponerme formar parte del grupo de profesionales que formarían parte del documento “Perspectivas de comunicación 2012“. Fue un placer entonces, la verdad, y también lo ha sido, unos cuantos años después, retomar esa relación y, gracias de nuevo a la generosidad de Rosa y Silvia, poder formar parte de un aniversario muy especial. No solamente he podido volver a enfrentarme a aquel texto que escribí y pasarlo por el tamiz del presente, sino que además he tenido el orgullo de compartir la ocasión con un conjunto de compañeros de profesión espectacular. Toca ahora leer y aprender de todos ellos.

Son diez años de “Perspectivas de comunicación”, en los cuales se ha buscado homenajear a todos los que, cada día, impulsan este mundo nuestro de la comunicación: El talento que hace posible la comunicación en España.

Ha sido un momento especial, rodeado de grandes profesionales y amigos (algunos injustamente relegados por esas agendas que no tienen piedad y nos atan al escritorio día tras día). Que conste que ya se está poniendo remedio inmediato a ese desastre…

En fin, no aburro más. Enhorabuena por este nuevo documento imprescindible: “Perspectivas de Comunicación 2019“, del que recomiendo su lectura encarecidamente. Y animo a Wellcomm para que sigan en la brecha y nos ofrezcan cada año una posibilidad de disfrutar un poco más con nuestra profesión.

La Justicia Universal naufraga en una corbeta de Navantia

Me viene a la cabeza aquello del Asno de Buridán, el pobre animal que no sabía decidir entre dos montones de heno y acabó muriendo de hambre. En esas estamos; por un lado tenemos un caso de terrorismo de estado con tintes de película de terror, muy propio de estas fechas cercanas al Halloween, donde un periodista desidente de un regimen totalitario muere descuartizado en un consulado de ese país en otra nación. Pensemos un segundo la cantidad de barbaridades que encierra esta frase tan corta. Espeluznante. Por otro, tenemos más de seis mil familias que dependen de un contrato de 2000 millones de euros y cinco años de carga de trabajo con más de siete millones de horas. Se generarían anualmente cerca de 6.000 ocupados directos e indirectos. De ellos, más de 1.100 serían empleados directos, más de 1.800 empleados de la industria auxiliar de Navantia y más de 3.000 empleados indirectos generados por otros suministradores. Eso sin tener en cuenta otros argumentos económicos… en un país tocado por la crisis e intentando levantarse en un marco convulso de incertidumbre, contradicciones y nacionalismos.

Infografía: Arabia Saudí, principal aliado de España en el Golfo Pérsico | Statista Más infografías en Statista

Infografía: El petróleo, el otro gran interés de España en Arabia Saudí | Statista Más infografías en Statista

Mientras tanto, y en un lapso misérrimo de tiempo y con poca conciencia de la oportunidad, resucitamos el concepto de Justicia Universal mientras adoptamos una postura de perfil frente a terribles acontecimientos. Pero vamos a ver, nada novedoso, postura de más o menos perfil que hemos estado adoptado frente a la Guerra Civil en Siria durante años con un drama humano desgarrador, con la Guerra del Yemen con decenas de miles de muertos y enfermos, con y con y con y con…

Quizá en unos meses alguien presente una demanda en un juzgado pretendiendo que altas personalidades saudies vengan a declarar sobre acusaciones de crímenes contra la humanidad… o vaya usted a saber. Mientras, este enloquecido proceso sigue su curso (y muchos rezan porque desaparezca de los titulares y deje de colocarles en complejas situaciones ante la opinión pública) nuestra sociedad occidental sigue siendo el Asno de Buridán, que indeciso entre sus valores… los morales y los económicos, muere de inanición.

Las brújulas han perdido el norte

Hemos perdido el norte. Esa frase hecha me la repetía mucho mi abuelo cuando opinaba de lo que veía y leía sobre la actualidad del momento. Aquel estupendo anciano murió en 1995 con 95 años y una vida apasionante. Y la verdad es que siempre recuerdo sus palabras y más todavía hoy en día porque sinceramente creo que hemos perdido el norte. Pero hemos perdido el norte todos, absolutamente todos. Los políticos que parecen ignorar o despreciar a las hemerotecas y practican como sistema el “Donde dije digo, digo Diego” y, lo peor, es que cuando se lo recriminan, cualquier excusa es buena, lanzan una cortilla de humo sencilla y a otra cosa, mariposa porque no pasa nada. Pero es que también muchos profesionales del periodismo han perdido el norte del respeto por el valor de la verdad usando eso que se llama “libertad de expresión” de la forma más torcitera que se ha visto. Y tampoco pasa nada. Nos preocupan mucho las llamadas noticias falsas o fake news pero, al mismo tiempo, retorcemos la realidad a nuestro interes sin darnos cuenta (o dándonos cuenta perfectamente) que esa falsedad es ya en si misma una fake news. Decimos que respetamos la independencia de los jueces pero estamos constantemente poniendo en tela de juicio lo que hacen o dicen todos ellos en todos los casos que pueden tener un mínimo de repercusión mediática (siempre arrimado el áscua a nuestra sardina por supuesto), decimos amar la democracia y absolutamente todo lo que significa mientras mantenemos parlamentos cerrados por interés partidista, y el que quiera más ejemplos que lea 10 minutos. Pero todos somos muy decentes y honestos menos cuando nos acusamos unos a otros de franquistas, fascistas, rojos o fachas (que ahora está de moda usar esos palabros muy de los años 30 del siglo XX). Constantemente leemos medios de comunicación partidistas que siempre, sople el viento que sople, defienden una corriente de opinión, izquierdas buenas, derechas malas, rojos canallas, azules santos de altar. Y eso no es de ahora, que aquí en esta España nuestra, dividida en mil pequeñas Españas, siempre hemos cojeado del mismo pie. Bien, ahora resulta que leo hoy «la libertad de expresión no lo resiste todo, no lo acoge todo», ahora es necesaria la seguridad en lo que publican los medios de comunicación porque «¿quién paga la mentira? ¿Es de pago la verdad?». ¡Puf!, comenzamos a andar un camino muy peligroso. Además ¿Quién se acaba de caer de un guindo?

La libertad de expresión es una y única, no es interpretable según nos interese. No podemos decir que estas frases: “Dicen que pronto se traspasa la cloaca de Ortega Lara y muchos rumorean que Rubalcaba merece probarla, complejo de zulo mi casa a ver si un día secuestro alguno y le torturo mientras le leo al Argala” o “Para todos aquellos que tienen miedo cuando arrancan su coche, que sepan que cuando revienten sus costillas, brindaremos con champán” son un claro ejemplo de libertad de expresión mientras, al mismo tiempo, se admiten a juicio las blasfemias de Willy Toledo, que no dejando de ser un acto de falta de respeto innecesario hacia personas que creen en cosas distintas, no pienso que en pleno siglo XXI deban estar tipificadas. ¿No existe coherencia al respeto de esa libertad ni tampoco consenso, pero ahora arremetemos contra medios de comunicación por lo que publican o dejan de publicar?

Yo diría que la verdad y la mentira la pagan los mismos que lo han hecho siempre, pero ahora tienen hordas automatizadas que les echan una buena mano para aumentar el ruido. Pero oiga usted, no solamente medios, o algunos medios, sino partidos políticos, países, sindicatos, movimientos ciudadanos y un largo etcétera que a esto se puede jugar fácil y a un coste bastante razonable. Y un periodista debe atenerse a las reglas de su oficio y un medio a las del al suyo. Y si una noticia no es cierta, si no se han verificado las fuentes, si se está manipulando la línea editorial a sabiendas de faltar a la verdad, entonces y que me llamen ingénuo, ni estamos hablando de un periodista, ni de periodismo ni de un medio de comunicación, estamos hablando de manipulación y propaganda como se decía en mis tiempos o de noticias falsas y fake news que se dice ahora y que suena más cool.

Hacedlo, llamadme ingénuo. Hemos perdido el norte y, lo que es mucho peor, hemos perdido la vergüenza.

Nominado a la IX edición de los Premios Blogosfera de Marketing

Hoy acabo de recibir la muy agradable noticia de que este viejo amigo, este blog mío de comunicación se encuentra entre los 70 nominados en la IX edición de los Premios Blogosfera de Marketing. Estos premios reconocen, de entre las más de 400 publicaciones que El Observatorio de la Blogosfera de Marketing analiza mensualmente, aquellas que han aportado mayor calidad, originalidad, valor añadido y espíritu crítico en los últimos 12 meses.

El jurado estará presidido por Agustín Medina e integrado por otros 14 expertos y profesionales del sector. El fallo se conocerá el próximo lunes 01 de octubre y la ceremonia de entrega tendrá lugar el día 30 del mismo mes en el marco de La Neurona Summit Clientes de Madrid, en el Centro Convenciones Norte – IFEMA, el mayor evento que actualmente existe en España para directivos y Profesionales del Marketing y las Ventas.

Pues nada, ¡agradecido de corazón por el reconocimiento!

Érase una vez un país que no sabía tener televisiones públicas

Érase una vez un país de tamaño medio, con una demografía preocupante, envejecida y con una geografía dividida en múltiples territorios llamados “autonomías” donde se hablaban muchas lenguas diferentes. Nunca se ponían de acuerdo en nada más que en una cosa: Todos querían tener un gran invento llamado televisión que les permitía entrar en la mayoría de los hogares de sus ciudadanos y contarles historias para que estuvieran formados, informados y entretenidos…

– ¿Eso no era la Radio?

– También, también, pero con esto había además imágenes, como en el cine.

– ¡Ah, vale, perdone!

– No se preocupe, sigo.

Pero esos inventos eran caros y había que dedicar mucho dinero de las arcas públicas para sostener esas televisiones. El dinero llegaba a través de los impuestos que tenían que pagar esos ciudadanos a los que luego les contaban historias. Pero era importante disponer de ese invento tan práctico. Todos se dieron cuenta que, usado adecuadamente, permitía exponer puntos de vista concretos, los suyos, e influir en las decisiones de aquellos ciudadanos. ¡Qué interesante! Entonces merecia la pena gastar mucho dinero y además colocar a las personas adecuadas en esas televisiones para que se hicieran las cosas correctamente y las historias que se contaban a los ciudadanos estuvieran debidamente planificadas y realizadas. Así intentaríamos que los ciudadanos vieran las cosas como las vemos nosotros; les diríamos lo que es bueno o malo, justo o injusto, quién es bueno o malo, quién es justo o injusto, quién es preso político o exiliado o quién es un demócrata y quién no lo es.

– ¡Oiga, discupe de nuevo! ¿Eso no es propaganda?

– ¡No hombre! ¿Qué dice?, es información veraz e independiente

– Ya, pero, habiendo ya televisiones privadas y nacionales, ¿también autonómicas? Entonces las historias serán diferentes si los que tienen las televisiones no son los mismos.

– Exacto, eso es diversidad de opinión y libertad de prensa y expresión ¿Está usted en contra de eso?

– No, no, ¡Dios me libre!

Pero había un problema, todos los que no tenían esas televisiones, pero querían llegar a tenerlas ganando unas elecciones, criticaban el mal uso que se daba al invento: ¡Mentirosos, manipuladores! gritaban. Si nosotros ganamos eso no volverá jamas a ocurrir, contaremos siempre la verdad. Incluso a veces lograban su objetivo, ganaban elecciones y conseguían controlar esas televisiones. ¡Qué buena oportunidad para hacer las cosas diferentes! No, diferentes tenían que ser las historias que se contaban, tenían que ser nuestras historias y no las de los anteriores. Así que, ¡manos a la obra! echemos a las personas que contaban historias y traigamos a otras que cuenten bien las nuestras. ¿Y el dinero para hacerlo? No hay problema, sigue siendo el mismo de antes, siguen pagando los ciudadanos de antes, incluso muchos de ellos lo hacen felices porque las historias que ahora escuchan les gustan más que las anteriores. Total, ¿Qué son 942,7 millones de euros aportados mediante las subvenciones públicas de los distintos gobiernos autonómicos en un año?

– ¡Eh!, perdone otra vez.

– ¿Sí…?

– Se olvida usted de la televisión de todos.

– ¡Mil perdones! Eso son otros 343 millones de euros de nada más.

– ¡Gracias!

– Nada, a mandar.

Y así llevamos con este cuento de nunca acabar décadas, con publicidad en las cadenas públicas, sin ella en la nacional pero todos compitiendo en audiencias con las televisiones comerciales.

– ¿Pero oiga? Si una tele es pública y no tiene publicidad ¿Por qué es esclava del share? ¿No debería tener objetivos distintos a los comerciales?

– Buena pregunta, sí señor, tendrá que hacérsela a los que nos cuentan ahora las historias.

Las historias, ¡ay, las historias! eso es siempre lo más importante. ¡Y colorín colorado, esta vergüenza no se ha terminado!