La máquina del tiempo se ha calado…

Más de tres años sin escribir en el blog. ¿Motivos? Muchos y variados, acostumbrarme a escribir sin fumar (tres años como exfumador ya son bastantes como para enfrentarme a escribir sin “mono”), un hijo de siete años que reclama tiempo y el placer que se tiene al compartirlo juntos y, por supuesto, mucho trabajo, falta de ocio y, sin duda, la pereza. Pero bueno, aquí ando de vuelta con intención de volver a escribir aunque sea de Pascuas a Ramos…

Y lo primero que hago es leer de nuevo las últimas entradas de este blog. Tocaba temas como Con la marca personal arriba y abajo, un clásico como ¿Deben los directivos de las grandes empresas estar presentes en redes sociales?, los periodistas tertulianos de carnet político entre los dientes… De la información periodística al pseudo comisariado político 2.0 o los “guruses” equivocados, perdón, que ahora se dice “influencers” con El falso caballero andante y su amenazadora cohorte de followers.

¿Y qué es lo que veo?

Pues que han pasado tres largos años plagados de noticias, crisis, elecciones generales repetidas, independentismos de ensoñación, corrupciones de todo calado, referendos y elecciones ganados por quien menos se podía pensar y, curiosamente, todos esos temas siguen siendo de completa actualidad en nuestro pequeño mundo de la comunicación; eso sí, con algún pequeño retoque relacionado con los temas de tendencia. Si ponemos un poco de “transformación digital” (lo del social media y el emprendedurismo está demodé) tenemos la actualización completa. Y la verdad es que no deja de ser sorprendente que después de tres años completos, más de 1095 días, en el fondo, sigamos hablando, poco más o menos, de las mismas cosas. Como se suele decir “Vuelve la mula al trigo“.

Por un lado me ha resultado chocante y, por otro, bastante preocupante, lo poco que ha cambiado el panorama. Espero de ahora en adelante poder tocar temas relacionados con la comunicación corporativa y poder ver si, de verdad, la máquina del tiempo se ha calado…

Con la marca personal arriba y abajo

Últimamente las mañanas de domingo se han vuelto interesantes en Twitter y desarrollan la tendencia de “voyeur” que da esto del microblogging. En ello estaba, leyendo una breve discusión, siempre con buenas maneras, de dos profesionales que aprecio, Miguel del Fresno y Andrés Pérez Ortega, sobre el manido tema de la marca personal. Quizás solamente superado por el ametrallamiento sobre emprendedores, emprender y emprendedurismo (¡qúe fea palabra!) que vivimos en estos tiempos.

Miguel afirma que la marca personal es una “soberana tontería” porque es “reducir una persona a producto de mercado”. Y lo decía en respuesta a este comentario de Andrés: “Es más fácil tener followers diciendo lo que ellos esperan oir (y dejando que definan tu #marcapersonal) que defendiendo ideas propias”.

Bueno, pues la verdad es que personalmente no comparto plenamente ninguna de las dos posturas. La primera es un tanto filosófica y me gustaría que nuestro mundo respondiera a esos parámetros. Desgraciadamente creo que muy habitualmente nuestras acciones están “vendidas al marketing” desde el ámbito profesional al personal, saber gestionar una entrevista de trabajo, tu día a día en una empresa más allá de tus habilidades profesionales o simplemente saber encandilar a otra persona (aquello que llamaban saber ligar). O dicho de otra manera y huyendo de las terminologías modernas, lo que mi abuelo definía como “Saber venderse” (y él fue mucho tiempo representante de cajas registradoras en la postguerra…). Podríamos aderezarlo con otras expresiones como “don de gentes” o “tener amigos en la puerta del infierno”. Una mezcla de dominio de las relaciones públicas y habilidad para el networking que se diría ahora (sin olvidar cierta maña con la oratoria y la manipulación del mensaje).

Internet y todas las herramientas sociales no han cambiado absolutamente nada en lo fundamental, simplemente han creado un altavoz que permite aumentar esas acciones y además permite buscarte y catalogarte  (todo muy marketiniano por cierto). Pero todo madura y, a estas alturas, creo yo que el que base, lo que él denomine “marca personal”, en su número de seguidores, mal favor se hace y ya empieza a insultar la inteligencia de muchos, aunque siga pudiendo vender burras a unos pocos. Pues que aproveche que se le acaba el chollo. Y si cree que puede dejar su imagen en manos de los demás no recuerda una máxima de la comunicación: “si tú no dices lo que eres, otros vendrán a decir lo que no eres”. Pero no olvidemos que vivimos en el mundo de los “narcisos”, enamorados de nuestra propia imagen y, además, en el universo de lo políticamente correcto. Y eso añade un nuevo argumento que se convierte en la cuerda del funambulista. Un mal paso o una mala palabra dicha en el momento y lugar incorrectos… Pero la falsedad, o digamos la hipocresía, tampoco son socialmente nuevos que digamos y, por qué negarlo, son necesarios en cierta dosis en este mundo nuestro.

La realidad ha sido y sigue siendo la misma. Si no hay nada detrás de la máscara, la marca que podamos diseñar artificialmente se terminará dando de bruces con la verdad del fracaso. Y hay una razón solamente, seremos un “bluf”. Si un profesional no tiene experiencia y aporta valor a lo que hace podrá “venderse” pero no ofrecerá resultados, que es la moneda de cambio. Lo mismo pasaba con aquel amigo que ligaba pero no podía mantener ninguna relación cuando la pareja descubría lo que había detrás de aquella sonrisa cautivadora… No podemos ser un producto y generar expectativas en el mercado sin una cierta calidad detrás ¿no?

¿Qué es eso de la marca personal? ¿Es simple notoriedad? ¿Es más, es notabilidad? La notoriedad es pasajera y traicionera, como la fama. La notabilidad es un concepto que me gusta más ya que requiere el comentario positivo y, por ende, es el fruto de algo que se ha visto y entendido como bueno. Pero, profundizando, definitivamente me gusta más el concepto de reputación. Sí, como la de ese médico que con años de buen trabajo se ha labrado un nombre en la profesión, cada día, con cada paciente. Y en este punto podríamos entender la frase de Andrés cuando habla de defender ideas propias y no seguir la corriente de los que los demás quieren oir, aportar valor desde nuestra identidad.

Recuerdo una frase que me encantó “La reputación es la consecuencia de los hechos”. De la misma manera considero que conseguir una marca personal efectiva tiene dos partes. La primera es indispensable: tener fondo, profesionalidad, experiencia, algo que hacer y que decir. La segunda podría ser cómo somos capaces de dar a conocer ese valor y la intención que tenemos con ello. Ahí entraría más el concepto marketiniano de venta. Podemos hacerlo para conseguir trabajo, para alagar el ego, para divulgar nuestros conocimientos por amor al arte o vaya usted a saber. En todo caso el éxito está en la correcta conjunción de ambas partes.

En todo caso este concepto de marca personal, personal branding o como queramos llamarlo, lo que no debe hacer jamás es quitarnos el sueño. Y si lo hace será el primer paso hacia el fracaso.

 

 

¿Deben los directivos de las grandes empresas estar presentes en redes sociales?

Vamos a hacernos de cruces… ¡Dios Santo! En pleno siglo XXI y oyendo hablar de redes sociales hasta en la sopa desde hace años, ahora va y este nos viene con esa pregunta. Bueno, pues antes de sacar conclusiones vamos a darnos un paseo por los datos de algunos estudios nacionales e internacionales al respecto del asunto que nos ayudarán a poner el tema en contexto:

1.- 2013 CEO.com Social CEO Report (Aquí está el informe por si alguien quiere echar un vistazo)

El 68% de los máximos responsables de las empresas del Fortune 500 no tienen ninguna presencia en redes sociales.

Fotune 500 CEOs en redes sociales

Por poner un ejemplo, CEOs con perfil en Twitter hay 28, lo que significa un 5,6%. Como se ve podríamos definir el panorama como desolador ¿o no?

2.- Estudio de Augure que muestra la actividad en redes sociales de los CEO del Nasdaq 100 (Índice bursátil que recoge los 100 valores de las compañías más importantes del sector de la industria tecnológica y de telecomunicaciones en Estados Unidos). El 70% no tiene perfiles en redes sociales. Un 30% usa LinkedIn y solamente un 11% Twitter…

CEO Nasdaq en redes socialesComo se puede ver tampoco es que la proactividad de estos directivos en este entorno sea para echar cohetes aún siendo empresas tecnológicas ¿En casa del herrero cuchillo de palo?

3.- Websa100, agencia de marketing online, ha publicado “Presencia en redes sociales de las empresas del IBEX 35 y sus principales directivos”. En su web se puede leer textualmente:

“Se ha analizado la presencia en redes sociales (LinkedIn y Twitter) de un total de 410 directivos clave de las empresas del Ibex 35 (presidentes, consejeros delegados y comité de dirección) y las conclusiones son claras:  escasa presencia en los nuevos medios sociales y una baja actividad. Solo el 29% de los directivos del Ibex tienen perfil en LinkedIn y únicamente el 4% en Twitter. Parece que a nuestros directivos les cuesta estar en las redes sociales profesionales. El ejemplo de Twitter es revelador: de los 18 directivos con perfil en esta red sólo 3 mantiene su cuenta activa”.

Pues ya hemos terminado ese paseo. La principal conclusión es que nuestros directivos de grandes empresas no se diferencian demasiado de los demás. La escasa presencia de los CEO en redes sociales parece estar generalizada. Pero ¿eso es bueno, es malo, son gente que no entiende el fenómeno del social media y sus beneficios? Si hiciéramos el mismo análisis con respecto a las empresas que dirigen, veríamos que las cifras no se parecen en absoluto sino que son infinítamente mejores y en claro crecimiento. Por lo tanto no se trata tanto de desafección por el canal. ¿Entonces?

Me gustaría que nos hiciéramos la siguiente pregunta ¿Es verdaderamente necesario que un gran directivo tenga esa presencia activa? Tengamos en cuenta que se trata de empresas cotizadas, sujetas a múltiples regulaciones en función del sector con los riesgos que eso conlleva. Pensemos también lo que significa tener esa presencia activa que en estos datos vemos ausente. ¿Les merece la pena, están en condiciones de afrontarlo? Si echamos un ojo a nuestro alrededor vemos casos de políticos en redes sociales, por ejemplo Twitter, que aunque tienen cuenta todos sabemos que es manejada detrás por un equipo supuestamente especializado (falta de tiempo, de interés o simplemente de conocimiento) ¿Es verdaderamente un valor añadido hacerlo de esa forma?¿Aporta credibilidad realmente?

Y si nuestro CEO, por el motivo que sea, se lanza a este asunto y se columpia, es decir, dice alguna incoveniencia en las redes y eso se viraliza dando lugar a polémicas de todo tipo. Casos conocidos ha habido en esta línea incluso en nuestro país ¿Hace un favor con ello a su empresa, imagen y reputación? La respuesta es no.

Para finalizar diré que no veo fundamental que un CEO tenga presencia activa en redes sociales y no me indica que sea mejor o peor directivo. Entiendo perfectamente que crea que no es su misión y que debe centrarse en otros menesteres; me parece bien los que la tienen y se limitan a lanzar mensajes corporativos casi clonados de las salas de prensa de sus empresas (aunque poco aporten con ello) y también entiendo a los que toman parte activa y admiro si lo hacen con criterio y aportando un elemento diferenciador. Alguien podría decir que siempre puede hacerlo de forma individual… con esa famosa frase en la biografía… “estas opiniones son simplemente personales”. Seamos serios, un CEO identificado como tal en una red social, ¿tiene opiniones exclusivamente personales que no afecten a su empresa? Como no sea hablando de deportes y aún así seguro que le buscaban las cosquillas…

Desde mi punto de vista, la presencia de este tipo de personajes en la red no debe ser tomado de forma baladí. Y tampoco podemos menospreciar a aquellos que deciden no hacerlo como tampoco sobrevalorar a los que lo hacen. El motivo es sencillo, no se trata de estar, sino de la forma en que se lleva a cabo; exactamente igual que cuando una empresa decide desembarcar en el canal. Lo lógico es que tenga una planificación y unos objetivos que aporten valor. Por el propio rol que tiene, un CEO debe apoyarse en su departamento de comunicación a la hora de saltar a estos mares. Creo que sería un sensato ejercicio de sentido común. Seguramente estas cifras irán cambiando como también lo van haciendo las empresas. Los cambios culturales y los relevos generacionales harán su trabajo.

De la información periodística al pseudo comisariado político 2.0

Monos aulladoresQue cada cual es libre de expresarse de la manera que quiera no hay la menor duda; aunque siempre me gustaría leer esas opiniones desde la coherencia, el respeto y, ante todo, el sentido común. Por desgracia en este país nuestro esos tres conceptos no abundan tanto como sería de desear… aunque tampoco podemos decir que sea algo que nos haya caracterizado historicamente y menos aún cuando hablamos de periodismo, información, opinión y política. Lo nuestro ha sido siempre más lo tendencioso y hasta sectario llegando al límite del insulto a la inteligencia.

¿Y a este hombre que le ha pasado? No escribe en el blog hace meses y ahora se decuelga con este párrafo lapidario en vez de hablar de comunicación corporativa o de social media y esas cosas… Ante la primera afirmación debo culpar a mi pequeñajo de tres años que demuestra ser un devorador de tiempo y ante eso no hay más que decir. Lo segundo merece que siga escribiendo y me explique más en profundidad.

El periodismo es un trabajo y los medios de comunicación, empresas; por lo que un periodista lo que quiere es trabajar y llevar comida a su mesa y un medio de comunicación dar beneficio y subsistir. Estas obviedades son de todos conocidas pero la larga crisis ha agudizado, a mi entender, los principales defectos de ambos. La sequía financiera, el desierto publicitario, el descenso crónico de lectores y el vía crucis del negocio gracias a la complicada adaptación a las tecnologías de la información, configuran un paisaje digno del infierno de Dante. Lo saben bien miles de periodistas que, por desgracia, han engrosado las cifras del desempleo y la larga lista ya de cabeceras que se han extingido empobreciendo el panorama informativo. Internet, Google, los medios sociales o la desintermediación de la información no vienen sino a aumentar el desconcierto generalizado en el sector. Sin olvidar una supuesta credibilidad que más de uno pone en duda con un buen baúl de argumentos dadas las circunstancias.

Ya estamos acostumbrados a que los unos y los otros se muestren como brazos mediáticos de las ideologías ¿He dicho ideologías? Quería decir partidos políticos, perdón. Hemos pasado muchos años leyendo noticias en periódicos u oyendo emisoras de radio con versiones tan opuestas que daba la impresión de que, o bien alguno no se había informado, o bien ambos simplemente se limitaban a dar la “versión oficial” del bando de turno. ¿Qué decir de las tertulias radiofónicas o televisivas? En función del medio que hubiera tras el programa veíamos pasear glorias de la profesión periodística vomitando opiniones dignas de llevar colgado el carnet del partido de turno o mordido entre los dientes. Que digo yo, que para eso que inviten a políticos directamente y acabamos antes…

Pero oiga, oiga, ¿Está usted insinuando que un periodista no puede opinar y manifestar su opinión en apoyo o crítica a una determinada acción política? Nada más lejos de mi deseo que sea esa la impresión que tenga el lector. Pero como todo en la vida, la coherencia, el respeto y, ante todo, el sentido común, deben imperar, y cuando lo que se oye es ya un ejercicio oratorio retorcido y digno más de un funambulista dialéctico que de un profesional pues… ¿cómo decirlo? “Algo está podrido en el estado de Dinamarca”, que decían en Hamlet. Al menos en mi pueblo, la opinión no es nunca un argumento sólido.

Pero claro, como todo producto tiene su mercado, grande o de nicho, pero mercado al fin y al cabo. Los periódicos desaparecen y se crean medios online que son más baratos y más sociales y donde, para poder vender a nuestro nicho de clientes, pues nos dedicamos a repartir leña sistemáticamente a un partido o a otro, con más argumentos, con menos o si es necesario, rizando el rizo, sin tener ninguno. Bueno sí, siempre está el elemental de la línea editorial: “Está claro que no me gusta tu cara y como a mi lector tampoco, pues leñazo que te crió “.

Si a esto le añadimos que el espíritu crítico del ciudadano medio, seamos realistas, es más bien escaso (esto lo explotan algunas cadenas de televisión con fruición alimentando audiencias con todo tipo de carnaza y pasándose la legislación vigente por el share) pues tenemos la cena servida. Aunque a veces, y siento ser grosero, me parezca la cena de los idiotas.

Y claro, llegamos a eso de las redes sociales y el Twitter que para tanto sirve y en el que se puede leer de todo. Una buena forma de crear una legión de fieles seguidores que reirán las gracias convenientemente a unos y a otros, que trolearan a los “contrarios” con ocurrencias de mejor o peor gusto y dejarán el timeline lleno de auténtico spam que no tiene más valor que el de defender un supuesto espíritu libre que dice hablar lo que otros callan, maquillando de intelectualidad los comentarios, de solidaridad, de igualdad o del motivo que toque o esté de moda en ese momento. Eso sí, demagogia que no falte que sin sal la comida no sabe a nada.

Y digo yo, en esta España del siglo XXI, donde tenemos tanta historia de la que aprender, ¿Es imposible que un periodista tenga una ideología política  y al mismo tiempo que sea capaz de separarla de la información? De verdad que cuando leo Twitter muchas veces veo más comisarios políticos de épocas pretéritas que verdaderos profesionales de la información.

Conversación en redes sociales ¿o no tanto? (2ª parte)

El pasado mes de enero escribía en este mismo blog un artículo sobre el desequilibrio en las supuestas “conversaciones” que se producen entre empresas e instituciones y usuarios. En esta misma línea han visto la luz algunos datos que me gustaría poner encima de la mesa para profundizar en los conceptos de “conversación” en relación con la reputación online de una empresa.

La IAB (Internet Advertising Bureau) de España, ha publicado un informe en el marco del primer “Observatorio Digital”, sobre una muestra de casi 1.000 internautas de entre 18 y 55 años: “Usos, actitudes y tendencias del consumidor digital en la compra y consumo de viajes”. La mayoría de nosotros hemos hecho viajes y hemos tenido experiencias de todo tipo, buenas y malas. ¿Cómo afecta eso a las empresas turísticas cuando contamos en redes sociales nuestra experiencia? Para responder esta pregunta deberíamos saber si las experiencias en esos viajes son más positivas que negativas o viceversa. Leemos:

“Bajo este enfoque, el primer dato que sobresale es la abrumadora prevalencia de las experiencias positivas sobre las negativas. La proporción, en el caso de las aerolíneas, es de 5 experiencias positivas por cada una negativa. El saldo a favor para los hoteles es ostensiblemente mayor: 9 experiencias positivas por cada una negativa”.

Sin embargo, y como ya he comentado anteriormente, la realidad del usuario en las redes sociales nos lleva a ver cifras interesantes que apuntalan el concepto de desequilibrio:

Se aprecian algunas diferencias en la tendencia a socializar las experiencias positivas cuando se trata aerolíneas o de hoteles. Las que se tienen con las primeras se tienden a socializar ligeramente menos (63%) que las vividas en los hoteles (77%) ” El patrón común es la tendencia a socializar mucho más las experiencias negativas: 95% en el caso de las aerolíneas, y 92% en el de los hoteles”.

compartir experiencias en social media

compartir experiencias en social media 2

La diferencia de porcentajes es verdaderamente alta. O dicho de otra manera, es casi seguro que si un usuario tiene una mala experiencia (o cree haberla tenido en función de sus expectativas) va a compartirlo. Sin embargo, si todo sale a pedir de boca no se va a producir el mismo efecto. Conclusión: Consumidor tremendamente exigente y la empresa entendiendo que aquello de la búsqueda de la excelencia, hoy en día, es una prioridad absoluta si no queremos ver cada uno de nuestros errores (grandes o pequeños) dando vueltas por la Red. En el caso de las líneas aéreas: 50% en contactos en redes sociales, 24% en los perfiles corporativos de la empresa y 11% en otros soportes online. En el caso de hoteles: 40% entre contactos, 21% en páginas de agencias y demás, 18% en páginas especializadas y otro 18% en los perfiles corporativos del propio hotel.

El informe es muy interesante y amplio, ofreciendo diversos aspectos que aconsejo leer a aquellos que se dediquen a este sector.

Todos sabemos que una de las fases fundamentales de la gestión de la reputación online es la monitorización de la marca, eso que se llama escucha y que puede pasar a ser “escucha activa” cuando las empresas dan el siguiente paso y deciden que deben tener una determinada presencia en los medios sociales. Si la empresa escucha comentarios negativos como los que acabamos de analizar, tiene la oportunidad de relacionarse con la persona que se queja y dar un servicio que contrarreste el efecto ¿No es eso lo que se dice de los medios sociales?

J.D.Power & Associates y Netbase han publicado un estudio muy interesante en este sentido, “Social Listening vs. Digital Privacy“. ¿Cómo aceptan los usuarios de redes sociales que las empresas entren en sus conversaciones?

Echemos un vistazo a las cifras más importantes que nos ofrece el estudio: ¿Sabías que las empresas pueden ser escuchar lo que que dices en Internet? Vemos que en todos los segmentos de edades, los usuarios están mayoritariamente informados.

conversaciones online 1

¿Quieres que las empresas escuchen lo que dices de ellas en la Red? No parece que haya grandes problemas al respecto.

conversaciones online 2

¿Deben las empresas responder cuando se les meciona directamente? Este gráfico múltiple incluye datos que merece la pena resaltar.

conversaciones online 3

A la primera pregunta: ¿Las empresas que escuchan conversaciones online se entrementen en la privacidad de los usuarios? Los mayores de 55 años opinan que es una intrusión en la intimidad en un 53,8%. El porcentaje más bajo se encuentra en el segmento de 25-34 años con un 38,1% y el resto superan el 40%. Para pensar sobre ello…

Otra pregunta interesante: ¿Si hago un comentario negativo online, la empresa debe responderme? Vuelven a ser los mayores de 55 años los que menos de acuerdo están, sólo un 38,7% cree que la empresa debe responder. El resto de segmentos muestras resultados afirmativos entre el 40 y el 48%. Como vemos ninguno llega ni siquiera al 50%. Sin embargo, si vemos las respuestas a la pregunta: ¿Deben las empresas responder a quejas manifestadas en los social media? Vemos que alcanzamos y superamos mayoritariamente el 60%; a excepción de los mayores de 55 que creen sólo en un 49,4% que las empresas deben responder. Finalmente veamos la pregunta: ¿Deben responder las empresas solamente los comentarios vertidos directamente, en perfiles corporatvos, por ejemplo? Observamos respuestas afirmativas muy igualadas con una media superior al 64%.

Podíamos resumir este cuadro de la siguiente manera: Si me quejo de tus productos o servicios o si te interpelo directamente quiero que me respondas. Sin embargo, si simplemente estoy comentado mis impresiones no quiero que te metas donde no te llaman. Resulta bastante lógico, ¿verdad?

Puede que muchos lectores de este artículo piensen que defiendo que las empresas sufren una injusticia en los medios sociales e Internet en general. Y la verdad es que es algo que pongo simplemente de manifiesto porque creo que es obvio. Pero también considero que es algo absolutamente lógico si pensamos que hay gente que gasta su tiempo y dinero y quiere atención y respuestas adecuadas según, eso sí, su criterio personal. Nuestra misión es entender al cliente/consumidor/usuario e intentar saber la mejor forma de satisfacer sus pretensiones salvaguardando también las de nuestra empresa. Y eso no podemos hacerlo de forma industrializada. Los medios sociales no podemos trabajarlos “en serie” aplicando técnicas de optimización de call centers tradicionales. Hablamos de una relación “cara a cara” en la que la empatía y la personalización son fundamentales, y en la que sabemos que, al mínimo error, tenemos todas las de perder y además va a quedar negro sobre blanco, ese dichoso Google lo va a indexar y nuestro próximo informe de reputación online tendrá más porcentaje en color rojo…

Ahora está de moda hablar de la Marca España

marca españaEn los últimos tiempos no dejamos de oír hablar de la “Marca España”. Por una parte porque se ha puesto de moda preocuparse mucho por el daño que recibe y, por otra, como si fuera una tabla de salvación para la situación que atraviesa nuestro país. No deja de parecerme curioso que nos acordemos de la marca en estos momentos cuando precisamente haber trabajado para fortalecer esa misma marca es lo que hace que sea más resistente en momentos de crisis (Y no haberlo hecho, lo contrario). Si queremos aumentar su notoriedad cuando la realidad hace aguas por muchas partes, todo el proceso se complica sobremanera. Por recordar algún dato, ya según el estudio ‘Nation Brand 100’ elaborado por la consultora independiente Brand Finance, España había perdido el 38% de su valor entre 2009 y 2011, cayendo del puesto 8 al 13 en el ranking mundial. Pero hay más datos que podemos cotejar para ver que esto de lo que tanto hablamos daba síntomas de no andar bien de salud hace ya tiempo:

  • Otra fuente, el Global Country RepTrak, del Reputation Institute: Bajada desde 2009 desde el puesto 10 al 16.

Simplemente comparemos nuestro país con una empresa que, teniendo muy buenos mimbres, ha dejado de lado sus acciones de comunicación y, confiada en sus buenos resultados, ha dejado en un segundo término su departamento de comunicación corporativa. Total, si todo va bien, ¿Por qué invertir en ese área? Al igual que en muchas empresas, nos acordamos de “Santa Bárbara cuando truena” y es entonces cuando pretendemos que se obre el milagro. Ahora, cuando ni siquiera los resultados económicos ayudan a nuestra empresa…

Pero la realidad es que tenemos la casa por barrer, por no decir que nuestra casa parece víctima de un afectado por el Síndrome de Diógenes.

Echemos un vistazo a lo que opinan nuestros empleados, en este juego de símiles, serían nuestros ciudadanos. Para eso recurrimos al último informe de CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas):

  • Para empezar, refiriéndonos a la situación económica general de España, ¿cómo la calificaría Ud.: muy buena, buena, regular, mala o muy mala?: Muy mala 55.9%
  • Y, ¿cree Ud. que la situación económica actual del país es mejor, igual o peor que hace un año?: Peor 72.6%
  • Y, ¿cree Ud. que dentro de un año la situación económica del país será mejor, igual o peor que ahora?: Peor 50.0%
  • Y refiriéndonos ahora a la situación política general de España, ¿cómo la calificaría Ud.: muy buena, buena, regular, mala o muy mala? Muy mala 42.0%
  • ¿Y cree Ud. que la situación política actual del país es mejor, igual o peor que hace un año?: Peor 49.0%

Como vemos, nuestros propios empleados opinan que la empresa va muy mal y, además, dicen que nuestros directivos no hacen bien su trabajo (son la tercera preocupación de nuestro público interno después del paro y la situación económica). O dicho de otra manera, la empresa no tiene la confianza de sus propios trabajadores que no muestran gran motivación. Tenemos una grave crisis de comunicación interna.

Pero no olvidemos que nuestra “empresa” es una multinacional que no puede tomar muchas decisiones de forma unilateral sin consultar con la matriz (que sería la UE) y cuyos intereses no son exactamente los mismos que los de la filial. Tenemos una buena empanada servida en la mesa que no ayuda a encontrar la motivación de los empleados. Si seguimos mirando los resultados del análisis de clima laboral (en este juego los resultados del CIS) el resto de la respuestas siguen la misma tónica descorazonadora.

Bien, nos ponemos en marcha y damos presupuesto (pero no mucho) al departamento de comunicación. Le decimos, señores piensen que tenemos cosas buenas que contar. Nuestros equipos deportivos ganan muchas competiciones a otras empresas (éxitos deportivos), nuestras instalaciones son preciosas y mucha gente viene a verlas (turismo), además en nuestra cafetería se come estupendamente (gastronomía), y algunas cosas más como la historia gloriosa de nuestra corporación, sus éxitos pasados, etc.

Decidimos hacer una web para nuestra Marca España, que al fin y al cabo estamos en pleno siglo XXI (aunque, recordemos, financiada por el Foro de Marcas Renombradas Españolas, o sea, una web corporativa que ha hecho el departamento comercial, no la drección general de la empresa), y colgamos de ella todas la noticias y excelencias que podemos encontrar aunque hay que reconocer que no hemos desarrollado una página, digamos, todo lo buena que sería de desear dadas las circunstancias y los objetivos que tenemos en el contexto complicado que vivimos. Por supuesto están los famosos “social media”. Ahí pinchamos y eso de la conversación y el engagement lo dejamos un poco de lado. Reconozcamos que es algo, como poco, extraño en estos tiempos que entre lo del 2.0 y lo del social media tenemos un empacho de consideración…. Pero bueno, no seamos así, al menos tenemos una web.

Venga, seguimos adelante y echamos algo de leña al fuego en nuestras acciones de ese “resucitado” departamento de comunicación. Pero resulta que nos estalla una nueva crisis que viene a empeorar la externa que ya teníamos que contrarrestar. Esa que en las empresas definen como “una tergiversada interpretación de los medios y oscuras manos con intenciones perversas”: Temas de corrupción por todas partes. La verdad es que no es ninguna novedad porque, si somos honestos, de eso hemos tenido durante décadas, pero claro, ahora llueve sobre mojado y el patio nos lo está dejando hecho un asco porque las demás empresas competidoras hablan de ello (impactos en medios extranjeros que ponen en dudad la honorabilidad de nuestros dirigentes). Pues nada, nos encontramos en prensa: “El Gobierno español prepara una campaña de comunicación para lavar su imagen”. Entre otras cosas leemos: “La campaña incluiría comparaciones con otros Estados europeos. En concreto, pondría de relieve que en España hay 300 políticos imputados por corrupción, frente a los 3.000 cargos públicos condenados en 2012 en Italia“. O sea, afirmamos que tenemos problemas pero, eso sí, otros los tienen peores y su marca país no se ve tan dañada. Esperemos que el resto del plan tenga más peso…

Evidentemente nuestros responsables de marca dicen entre dientes: “lo que nos faltaba tú”. Nada, a seguir remando. Y en eso que sale otra encuesta, esta de profesionales de la comunicación de otras empresas (países europeos) que opinan en un 57% de los casos que también lo estamos haciendo mal.

Y es que hay que recordar aquella simple máxima: “La reputación es sencillamente la consecuencia de los hechos”. Y los hechos de nuestro país en los últimos años tienen cadáveres en los armarios de todos los tipos, políticos, sociales, económicos o educativos. ¿Recordamos el Misery Index? España en 5º lugar, solamente detrás de Macedonia, Venezuela, Irán y Suráfrica. O también podemos echar un ojo al informe sobre educación del Grupo Pearson “The Learning Curve (La curva de aprendizaje)”, en que ocupamos el puesto 28 del ranking.

Me disculpen los lectores por poner un poco de ácido sentido del humor en este artículo, pero la moraleja de todo esto es que la marca no se fortalece de la noche a la mañana, hay que trabajar de forma constante durante mucho tiempo para que nuestro principal activo sirva de verdad a nuestros intereses. Durante mucho tiempo organizaciones como DIRCOM (Asociación de Directivos de Comunicación) ha estado defendiendo esta postura. Querer ahora, rápido y sin la coordinación necesaria ni los medios adecuados, solucionar la falta de un trabajo correctamente diseñado de décadas no es útil ni realista. Y si además nuestro país no cesa en generar una imagen negativa por muchos frentes, lo poco que se pueda ganar por un lado, lo perderemos, con creces, por otros muchos. ¿Quiere eso decir que no debemos trabajar duro sobre la Marca España? En absoluto, más vale tarde que nunca, pero dándole el peso y valor que merece, haciéndolo en serio y sembrando adecuadamente para nuestro futuro, sin frivolizar. Y eso no se consigue haciendo sólo “comunicación, marketing o publicidad”, se trabaja fundamentalmente desde las instituciones cada día generando noticias, hechos relevantes y acciones esperanzadoras que alimenten la promoción de la marca.

Una de las tareas de un profesional de la comunicación es divulgar las bondades de su negociado para la empresa, hacer entender que es un elemento estratégico y no algo de “usar y tirar”, la comunicación no debe entenderse como un “apagafuegos milagroso”. Sin embargo basta mirar a nuestro alrededor y ver como esa sencilla asignatura todavía está sin aprobar.

Los españoles, las marcas y las redes sociales

En este inicio de año, la Interactive Advertising Bureau (IAB) nos ha ofrecido el IV Estudio Anual de Redes Sociales. El primer dato de interés es el 5% de incremento en el uso de las redes sociales con respecto a 2011, con lo que ya andamos, según este estudio, en el 79%. O dicho de otra manera, casi ocho de cada diez usuarios de Internet utilizan las redes sociales. Para las empresas, como ya comenté en otro artículo de este mismo blog, es un reto constante contruir una estrategia que nos permita establecer contacto con ellos.

Para conseguir esa estrategia veamos a qué se dedican estos internautas en las redes sociales, para qué las usan. El estudio nos dice lo siguiente:

1.- 66%. Enviar mensajes (privados y/o públicos) a mis contactos

2.- 66%. Revisar actividad (fotos, vídeos, noticias, etc) que hacen mis contactos

3.- 53%. Ver vídeos, música

4.- 51%  Chatear

5.- 43%. Publicar/colgar contenidos (fotos, vídeos, noticias, música, etc.)

Como vemos en estos cinco primeros usos, la actividad personal y el entretenimiento se llevan la palma. Para encontrar acciones relacionadas directamente con las marcas tenemos que descender varios puestos en el listado:

9.- 31%. Hacerme fan/seguir una marca comercial

11.- 25%. Participar en concursos

13.- 19%. Hablar de productos que he comprado o me gustaría comprar

Llama la atención este último uso con tan sólo un 19% cuando hemos escuchado tantas veces la tendencia creciente del comentario y valor de la prescripción del usuario en la compra online. Bien, interrogantes a un lado, ¿Dónde encontraremos mayoritariamente a estos usuarios? El estudio no da ninguna sorpesa:

redes sociales en españa 2013

Los colores nos indican los resultados de los últimos años, siendo el naranja el 2010, el rojo el 2011 y el verde el 2012. El estudio ofrece datos de notoriedad de las redes, valoración (la mejor Youtube), tiempo de dedicación (que gana Facebook, adelanto) o ratios de abandono que dejo a criterio del lector leer en el estudio completo.

Bien, ya sabemos dónde está el público y qué hace habitualmente. Analicemos ahora ese punto nueve que antes se ha citado: 31%. Hacerme fan/seguir una marca comercial. ¿Por qué comenzaste a seguir/ fan de una marca?

redes sociales en españa 2012_2La primera respuesta simplemente indica que la notoriedad de una marca es una gran ventaja. Si tu marca es atractiva y conocida arrastra ese “gancho” a la Red y la empresa debe encontrar la forma de darle la continuidad adecuada. Pero ¿Y si la marca es nueva o sencillamente no posee esa notoriedad previa? De este tema tenemos que hablar algún día…

Pero sigamos. Si una marca ya tiene seguidores debemos encontrar respuestas a la siguiente pregunta del estudio: ¿Por qué continúas siguiendo/ fan de la marca?

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Con una respuesta mayoritaria del 55% encontramos las promociones, ofertas y chollos diversos. Nada parece cambiar. Recuerdo un artículo publicado en este blog allá por febrero de 2011: ¿Por el interés te quiero Andrés en social media?. Y en segundo lugar, con un 48% están los contenidos (aquello de “El contenido es el Rey”).

El estudio hace una pregunta a los encuestados sobre la valoración que hacen de determinadas acciones de las marcas: ¿Hasta qué punto te parecen interesantes las siguientes acciones que puede llevar a cabo una marca en las redes sociales?

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De nuevo las promociones y ofertas saltan a la palestra. Perfecto si nuestra empresa es B2C. Para el resto de empresas, tenemos que bajar en el listado: Ofertas de trabajo, becas, responsabilidad social o… Atención al cliente. Interesante.

Para acabar este artículo aquí dejo las conclusiones del estudio al respecto de estos temas:

¿Cuál es el driver para seguir una marca en redes sociales?
• Los internautas siguen una marca porque tienen interés por ella. El mundo offline es quien ha despertado el interés por hacerles seguidor en el mundo online.

¿Y luego, por qué continua siguiéndola?
• Por el contenido que ofrece la marca, debe ser relevante para mantener la atención del seguidor/ fan.

¿Cuáles son estos temas de interés?
• Las promociones, ofertas de trabajo y becas siguen siendo los temas informativos que despiertan mayor interés dentro de los usuarios de redes sociales.

Aquí termino por hoy, pero pensemos: Somos una marca sin notoriedad previa en el mundo offline, no somos una empresa dirigida a cliente final, o sea, no tenemos promociones, y, como tantas otras hoy en día, no publicamos demasiadas ofertas de empleo o similares. El ejercicio entonces se complica un poco. ¿Pero acaso no es ese el reto que hace interesante este fenómeno de los medios sociales?

Conversación en redes sociales ¿o no tanto?

conversaciónConversación en redes sociales, ¿cuántas veces hemos escuchado eso en los últimos años? Se supone que las empresas deben plantearse los medios sociales de multiples formas y, entre ellas, una de las de mayor importancia, es la de conseguir “conversar” con sus públicos y, entre ellos, con sus clientes. Hasta aquí la teoría es estupenda y las intenciones, sobre el papel, más estupendas todavía. Sin embargo hagamos un pequeño ejercicio de reflexión y empecemos por el principio. ¿Qué es conversar? Si recurrimos a nuestra Real Academia Española de la Lengua encontramos la siguiente definición si buscamos el significado de “conversación”: Acción y efecto de hablar familiarmente una o varias personas con otra u otras.

No dejemos pasar por alto que hablamos de “familiarmente”, y eso implica que el tono de la conversación debe ser constructivo e intentando solucionar el planteamiento inicial que haya dado origen a esa supuesta conversación. O dicho de otra manera, conversando como hacemos normalmente en nuestras vidas.

Lo curioso es que esos tonos familiares de las conversaciones no son, ni de lejos, los habituales en los medios sociales. Lo normal es que la conversación evolucione hacia la atención al cliente y a la resolución de todo tipo de quejas y comentarios sobre los productos y servicios de la empresa en cuestión. Seamos sinceros… Si la empresa hace su trabajo a la perfección es lo que se espera de ella y el comentario positivo no nace como consecuencia del buen trabajo (Sí, que nadie se me tire al cuello… alguno hay pero reconozcamos que no son los más frecuentes). Algo parecido a un árbrito de fútbol, si lo hace bien, es lo normal, si se equivoca salta la polémica y acapara las noticias y comentarios sobre el encuentro dejando a los deportistas en un segundo término.

Hace escasas fechas leía un artículo en la Red:Los clientes prefieren recurrir a internet antes que al cara a cara para contactar con las empresas“. En ese estudio se comentaba que el 43% de los clientes prefiere contactar con la empresa a través de internet. Aunque, sin duda, eso ofrece a las empresas una oportunidad única de acercarse a sus clientes, volvemos al tono de las conversaciones que suelen ser mayoritarias, es decir, queja y tratamiento de la misma que, en el mejor de los casos, termina en un agradecimiento público del cliente. Y reconozcamos que el cliente es más mucho generoso en sus quejas que en sus agradecimientos. Normal, al fin y al cabo “el cliente siempre tiene la razón” y la empresa solamente ha hecho su trabajo y además tarde, porque si lo hubiese hecho bien desde el principio la “conversación” en redes sociales con ese cliente nunca hubiera sido necesaria. Como vemos hay indicios que inclinan a pensar que el equilibrio de la conversación y la credibilidad de las partes no está igualada.

Llegados a este punto me viene a la cabeza el famoso “Efecto Streisand”. Supongo que todos conocen a la famosa cantante Bárbara Streisand y la polémica que creó al intentar eliminar de Internet algunas fotos de su mansión obteniendo con ello una reacción adversa de los internautas y que dicha foto tuviera mucha más difusión. Bien, la moraleja es que cuando te encuentras ante una situación adversa para tu empresa, hay que pensar si reaccionar de forma agresiva (aunque la razón esté de tu parte) puede tener peores consecuencias que el propio comentario negativo. Volvemos a la falta de equilibrio entre las partes. El usuario, supuesto eslabón débil de la cadena frente al famoso, la institución o la empresa, siempre dispone de mayor credibilidad. Hace poco leía otro artículo que me pareció interesante: Las reseñas negativas pueden ser difamatorias“. Resumo por si alguien no quiere seguir el enlace: Una cliente de una pequeña empresa constructora norteamericana redacta un comentario en Yelp y acusa a la empresa de un mal trabajo y de robo de joyas. La empresa acude a los tribunales y el juez ordena a la mujer cambiar la reseña negativa y se continúa una demanda por  750.000 dólares por considerarse difamatorio el comentario. ¿Qué ha conseguido esa pequeña empresa? Por un lado ganar en los tribunales y por otro dejar su reputación online por los suelos. Como vemos las situaciones son complejas.

Si nos damos una vuelta por foros y redes sociales será fácil ver como la gente se “despacha a gusto” contra todo tipo de empresas. En nuestro país se llevan la palma los bancos y las empresas de telecomunicaciones, entre otros. Sin duda las empresas cometen errores y seguramente se merecen muchos de esos comentarios y más. Pero no es menos cierto que en otras muchas ocasiones el cliente (o a veces ni siquiera es cliente) no tiene razón en absoluto y, si se nos ocurre entrar a entablar una “conversación”, el resultado generalmente no es bueno ya que las empresas disponen de menor credibilidad frente a, como he comentado antes, el eslabón débil que es el individuo. ¿Dónde podemos trazar la línea entre la libertad de expresión y las mentiras, difamaciones y acciones puras de troll?

Si analizamos el problema vemos que la reputación online de una empresa tiene un punto débil ya que no puede defenderse en pie de igualdad. En la mayoría de las ocasiones tiene las de perder. Aunque, como en el caso anterior, venza en un tribunal, perderá ante la opinión pública online que no le otorga la necesaria credibilidad. ¿Acabo de descubrir la rueda? En absoluto, esto siempre ha sido así, pero hoy, comenzando el año, me apetecía romper una lanza en contra del “buenrollismo” que siempre rodea a las redes sociales. Internet no es un mundo aparte, es simplemente algo creado por nosotros y con los mismos defectos y virtudes de cualquier otra cosa gestionada por personas. El manido concepto 2.0 es el imperio del individuo y es un soporte donde la empresa ya no se enfrenta a situaciones tradicionales sino que puede perder el combate reputacional frente a una sóla persona, incluso si la razón está de su lado (ya no hablemos si no la tiene). Si a este planteamiento añadimos un contexto social muy agitado en el que las empresas e instituciones son el foco de todo tipo de animadversiones, tenemos servido un buen guisado.

Y como el año ha comenzado con estadísticas como esta: 8 de cada 10 internautas usa las redes sociales, un 5% más que en 2011, simplemente me queda decir… Ánimo a todos los compañeros que se dedican a la comunicación online, no nos queda nada… Pero ánimo también porque es un camino interesante en el que podemos dar un giro a las cosas. La esperanza es lo último que se pierde.

¿Dónde está el límite entre periodismo y espectáculo?

periodismoRecuerdo aquellos días en la facultad de Ciencias de la información (hace ya más años de los que me gustaría) donde nos enseñaban grandes máximas de lo que tenía que ser, supuestamente, el trabajo en el periodismo. Frases que a través del tiempo son familiares incluso a la gente ajena a la profesión: “Verificación de las fuentes, derecho de réplica antes de la publicación de una noticia, evitar la opinión en la información y, mucho menos, la manipulación intencionada para buscar efectos tendenciosos”. Seguro que algún compañero de la profesión está desternillándose de risa en estos momentos al leer esas viejas doctrinas y la gran diferencia que existe con la realidad que nos rodea.

Éramos jóvenes y salimos de la universidad con la inocencia de la juventud y la vocación. En mi caso la realidad me golpeó en las narices ya en mi primer periodo de prácticas en una conocida cadena radiofónica cuando el jefe de informativos me dice: “Así se tire el obispo de la ciudad del campanario de la catedral, aquí no es noticia”. Fue un estreno interesante que me hizo aterrizar en la realidad de los intereses, las líneas editoriales y demás detalles que se pasaron por alto durante cinco años de formación universitaria. Con el tiempo he vivido otras anécdotas como, por ejemplo, acallar un escándalo contra una gran empresa a cambio del aumento de su cuenta de inversión publicitaria en el medio de comunicación. En fin, si los periodistas juntaran anécdotas de este tipo lograríamos batir el record Guiness al libro con más páginas de la historia. ¿Todavía hay alguien que se sorprenda de estas cosas? Pues sí, es sorprendente la cantidad de personas que creen a pie juntillas todo lo que leen, ven u oyen en los medios.

Hoy en día, salvando escasas excepciones, que a mi entender son islas donde se refugia el periodismo en estado puro, proliferan los periodistas mediáticos que aprovechan la credulidad de la gente para lanzar mensajes de muy dudosa veracidad, obvia carga de interés personales o empresariales y nulo trabajo de documentación. Eso sí, amparados en una expresión que mola mucho “Periodismo de investigación”. Lamentablemente son programas que, en televisión por ejemplo, ni siquiera dependen del área de informativos, que se crean por productoras ajenas a la cadena y que basan su supervivencia más en el porcentaje de audiencia obtenido que por la seriedad del trabajo periodístico realizado. Eso sí, ponemos una cara conocida por delante para darle credibilidad y listo, problema resuelto porque el oficio y experiencia del manipulador por un lado, y la credulidad del espectador por el otro, terminan de hacer el pan con dos tortas.

Triste oficio el nuestro al que le han hecho olvidar su razón de ser a cambio de otro tipo de recompensas menos “espirituales” pero si mucho más pecuniarias. Ya lo decía Francisco de Quevedo: “Poderoso caballero es Don Dinero”. Claro, así le fue al pobre hombre por ir diciendo verdades… No estaría mal que se reformara la carrera universitaria de periodismo (por muchos motivos) y que se añadiera una asignatura nueva que podríamos llamar “Gestión e interpretación del periodismo en relación a la conciencia y los principios”.

No hay Dráculas o Frankensteins, es la era de Freddy Krueger

Hace pocas fechas, José Manuel Velasco, presidente de la Asociación de Directivos de Comunicación (DIRCOM), de la que soy miembro a mucha honra, escribió en su blog un interesante artículo: Matemos a Drácula, revivamos a Frankenstein Dejando claro que estoy de acuerdo con el mensaje del artículo, me gustaría llevar en parte la contraria a mi presidente. Lo sé, soy un irreverente y espero que José Manuel no me deje sin cena de navidad de DIRCOM 🙂

Tanto el Conde Drácula como Frankestein son seres tangibles a los que poder enfrentarse cara a cara. A mi me gustaría describir la situación actual a través de otro icono del terror, Freddy Krueger, creación de Wes Craven en la saga de “Pesadilla en Elm Street”. Un ser que causa estragos atacando a sus víctimas mientras duermen, en sus sueños y, por lo tanto, en nuestra parte más subliminal, indefensa e intangible.

¿Por qué digo todo esto? Me temo que este va a ser un largo post… Cuando comentamos que existe una responsabilidad por parte de los profesionales de la comunicación en el distanciamiento entre la realidad y el discurso, me gustaría entrar a matizar que por supuesto, ya que tanto los periodistas y los medios de comunicación en una postura acomodaticia como aquellos que estamos en eso de la comunicación corporativa llevados por nuestros objetivos y, por qué no decirlo, ambos por el conservadurismo de nuestros puestos de trabajo y empresas, hemos dado colchón a una situación que no nacía de nuestras intenciones sino que era parte de un todo que, desde hace años, ha perdido el norte y se ha cerrado en una rueda de paranoia éticamente reprobable.

Y en esta situación no escapamos ninguno, ni siquiera esas audiencias a las que nos remitimos y que, salvo excepciones, consumen información sin una adecuada reflexión. Me estoy poniendo muy teórico. Vamos con un ejemplo: La corrupción y la gestión descabellada del erario público son un hecho incontestable y vergonzoso en nuestro país. Bien, en las últimas elecciones autonómicas en Valencia hubo un partido que propuso en sus listas un buen número de candidatos acusados de corrupción. ¿Qué pasó? ¿Los medios de comunicación de masas hicieron fuerza alguna o se echaron las manos a la cabeza? ¿Un movimiento ciudadano apoyó con decisión la creación de una ley que lo impidiera? ¿Algún partido político llevó a cabo alguna acción contundente o se propuso algún cambio en las leyes al respecto como existen en otros países? ¿Los profesionales de la comunicación de aquellas instituciones tomaron cartas o presentaron, por ejemplo, su dimisión por cuestiones de conciencia?  No, y no solamente eso sino que los propios votantes, ejerciendo su derecho democrático, eligieron esa lista de forma mayoritaria. ¿Cómo es posible que algo así suceda? Y no hemos de centrarnos en este simple ejemplo, podríamos hablar de las cortinas de humo nacionalistas en nuestro país y tantas otras cosas que podemos ver cada día. Sirva para evitar que me acusen de tendencioso este post publicado en este mismo blog: Estamos muchos indignados… ¿Y?

Muchas veces he dicho que la crisis que vivimos además de ser económico-financiera es, sobre todo, una crisis de valores que se ha ido enquistado desde hace décadas llevada de la mano de la manipulación constante por una parte y por la desidia de nosotros mismos, los ciudadanos, que hemos permitido que todo esto fuera creciendo hasta hacerse una bola difícil de tragar, por la otra. Los profesionales de la comunicación, con nuestras luces y sombras, simplemente hemos ayudado (en el eslabón de la cadena que nos corresponde) a tejer esta red onírica en la que estamos todos atrapados y que produce empresas, políticos, instituciones y ciudadanos “adormilados”. Estamos atrapados en el mundo onírico de Freddy Krueger donde él impone sus reglas.

Dice José Manuel en su artículo: “Los comunicadores hemos de mirarnos al espejo, otear dentro del resultado de nuestras creaciones y dirigirnos rectamente, sin atajos, hacia la verdad, los hechos y las palabras que los comunican“. Bien, desde mi punto de vista, defender la transparencia y la credibilidad de las acciones, en nuestro caso de una empresa o institución pública, pasa por creer firmemente en los mensajes que transmitimos. Si eso no es así y sufrimos el latigazo de la conciencia, solamente tenemos dos salidas: Enfrentarnos a lo establecido y defender un modelo distinto y, si eso fracasa, poner nuestra carta de dimisión encima de la mesa de nuestros superiores con todas las consecuencias. Sin embargo, ahora recuerdo un dato interesante que comenté en otro artículo de este blog: Comunicación corporativa y ética En ese texto compartía los datos del “European Communication Monitor 2012” y me centraba en los dilemas éticos de los profesionales de la comunicación. Curiosamente en España el 53,3% de los encuestados no había sufrido ninguno, el 17,2% tan sólo uno y el 29,5% varios. Los mejores resultados de los países analizados. De lo que se deduce que en nuestro gremio los dilemas de conciencia no son muy frecuentes.

El problema es tan poliédrico y casi irreal como el mundo de los sueños (o debería decir pesadillas). Sin embargo sus consecuencias nos golpean a diario ¿Cuál la solución? Evidentemente no el camino que estamos andando y… el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra… Ojalá yo tuviera la solución. Sin duda alguna me quedo con la frase final del artículo que me ha inspirado hoy y que suscribo vehementemente: Porque, como comunicadores, nuestra misión no es acompañar, cual esbirros del poder, a los vampiros sin ánima en un mundo de tinieblas, sino contribuir a que cada persona, institución o empresa refleje en el espejo su auténtico ser.